martes, 9 de febrero de 2021

Capítulo II Prueba de la filiación de los hijos de matrimonio (Sergio Ramírez Acuña)

 


Capítulo II

Prueba de la filiación de los hijos de matrimonio

Sergio Ramirez Acuña

 

 

            Artículos 79 y 80: se refieren a los medios de prueba de la filiación matrimonial; esto es, de qué forma puede probarse que un hijo fue habido dentro del matrimonio.

 

            La prueba más común para lo anterior lo constituyen las actas de nacimiento inscritas en el Registro Civil. Si estas no existen, o si fueren incompletas o argüidas de falsas, puede probarse la filiación matrimonial por la posesión notoria de estado o por cualquier otro medio ordinario de prueba, dejando de esta forma la legislación abierta de manera amplia la posibilidad de probar la filiación de un hijo matrimonial.

 

            Trato aparte merece el concepto de posesión notoria de estado, del cual ya se hizo referencia en el comentario de varios artículos anteriores.

 

            Consiste esta institución jurídica en el cumplimiento de cuatro aspectos esenciales, derivados de la relación entre progenitores e hijos. Tratándose entonces de una filiación matrimonial –téngase en cuenta que no siempre el hijo matrimonial es hijo del marido-, para que exista posesión notoria de estado es necesario que estén presentes, necesariamente, las siguientes circunstancias:

 

            * Que sus padres le hayan dado el trato de hijo.

 

            * Que le hayan dado sus apellidos –lo cual, en todo caso, hace de oficio el Registro Civil cuando el hijo nace protegido por la presunción de paternidad del artículo 69-.

 

            * Que le hayan brindado la alimentación, entendida esta en un sentido más amplio que el simple suministro de comida, ya que también se incluye el vestido, medicinas, recreación, estudio, y otros aspectos de los cuales se hará referencia cuando se analice la parte de los alimentos.

 

            * Que lo hayan presentado como hijo ante terceros, de tal forma que estos y el vecindario en general, lo reputen como hijo del esposo y la esposa que figuran como sus padres registrales.

 

            Sobre este aspecto los tribunales han resuelto:

 

La calidad de padre o de madre de un menor (...), se puede establecer cuando se demuestra la posesión notoria de estado, que es precisamente el trato que un padre o una madre le dan al hijo, al brindarle cariño, facilita los bienes materiales que necesite para su manutención y crecimiento; así como, mediante la presentación social y familiar; pero también el artículo citado brinda la posibilidad de demostrar esa calidad o condición a través de cualquier medio probatorio que el ordenamiento jurídico permita; de manera que, aunque no se haya dado esa posesión notoria de estado, si medios de prueba idóneos permiten concluir que es cierto el vínculo, la solicitud para que se declare la paternidad, es procedente.” (Nº 159, de las 16:00 hrs. del 22/5/1996, Sala II).

 

            También la doctrina se ha ocupado de este tema[1] y ha sostenido que tal posesión se suele anunciar con tres términos latinos: "nomen, tractus y fama"; es decir, nombre, trato y fama, los cuales se dan: a) cuando el hijo usa el nombre de aquellos cuya filiación se le imputa, o sea, se refiere a la utilización del apellido del progenitor –“nomen"-; b) que el padre le haya dado tratamiento de tal, es decir, se le otorga relevancia al comportamiento observado por el progenitor o su familia en relación con el hijo –“tractus"-; y c) que la sociedad y la familia le haya reconocido la condición pretendida, lo cual se refiere al hecho de que en el ámbito o círculo social próximo al hijo este sea identificado o reconocido como descendiente del progenitor –"fama"-.

 

Así, la posesión de la calidad de hijo tiene por objeto el establecimiento de la filiación, partiendo de la existencia de hechos suficientes que vinculen a este con sus progenitores, a través de un conjunto de testimonios y antecedentes o circunstancias que la establezcan de un modo que no merezca dudas; por tanto, para que la posesión notoria de estado sea más que una realidad evidente, es necesario que el derecho le otorgue valor a cada uno de los elementos que la materializan: el nomen, tractus y fama o reputatio. Obsérvese que, en todo caso, esos tres aspectos fueron recogidos por la legislación, según ya se hizo referencia.

 

            A diferencia del hijo habido fuera del matrimonio, como luego se verá, tratándose del hijo matrimonial, para que se tenga a este en posesión notoria de estado, deben estar presentes las cuatro circunstancias acabadas de enumerar; con una sola que falte ya no habría posesión notoria de estado.

 

            La posesión notoria de estado es fundamental en casos como los siguientes los cuales son solo simples ejemplos y no constituyen exclusivamente las únicas circunstancias en que este instituto jurídico es importante-:

 

            * Si el marido la ejerce no es posible establecer el juicio de extramatrimonialidad artículo 71-, al igual que imposibilita el reconocimiento de un hijo de mujer casada artículo 85-.

 

            * Dependiendo de si se ejerce o no, el marido tendrá un plazo de un año, desde la fecha en que supo de los hechos que le sirven de fundamento para la impugnación, o toda la vida para impugnar la paternidad del hijo artículo 73-.

 

            * Es un medio de prueba de la filiación de los hijos habidos en matrimonio, en defecto de las actas de nacimiento, inscritas en el Registro Civil artículo 79-.

 

            * Si está presente, imposibilita realizar un reconocimiento puro y simple artículo 90-.

 

            * Sirve para establecer la calidad de padre o madre, tratándose de un proceso de investigación de paternidad o maternidad artículo 92-; e imposibilita a terceros establecer este proceso si está presente artículo 99-.

 

            * Confiere la posibilidad de tener derecho al pago de una indemnización cuando con ocasión de un accidente se produjere la muerte de una persona cubierta por el seguro obligatorio de automóviles Reglamento sobre el Seguro Obligatorio para Vehículos Automotores N° 25370-MOPT-J-MP, artículo 26-.

 

            * Otorga el derecho a pensión por orfandad de los hijos que al momento del fallecimiento dependan económicamente de una persona que esté protegida por el seguro de invalidez, vejez y muerte Reglamento del Seguro de Invalidez, Vejez y Muerte N° 6822, artículo 12-.

 

            Sobre el tema en cuestión el Tribunal de Familia se pronunció en la sentencia Nº 1870, de las 8:20 hrs. del 6/12/2005, en los siguientes términos:

 

“La posesión notoria de estado no es un concepto biológico, es un concepto jurídico que se encuentra debidamente tutelado en nuestra legislación. Obsérvese, por ejemplo, que una declaratoria de extramatrimonialidad no se puede acoger si el hijo ha estado en posesión notoria de estado (Artículo 71 del Código de Familia); o bien, que una impugnación de paternidad resulta caduca si, habiendo estado el hijo bajo posesión notoria de estado, la demanda se presenta después del año siguiente a que el padre registral se entera que no es el padre biológico (Artículo 73). El Título II del Código de Familia dedica varias normas a la definición y a la protección de la filiación adquirida mediante posesión notoria de estado. En el artículo 92 se establece que la calidad de padre o madre se puede establecer mediante la posesión notoria de estado del hijo por parte del presunto padre o madre, o por cualquier otro medio de prueba; en los numerales 80 y 93 se define a la posesión notoria de estado y en los artículos 90 y 99 se protege la filiación adquirida por esta vía al señalar de forma contundente que “no se admitirá ningún reconocimiento cuando el hijo tenga ya una filiación establecida por la posesión notoria de estado” y que “no se admitirá la acción de investigación cuando el hijo tenga una filiación establecida por la posesión notoria de estado.”

 


Capítulo III

Filiación adquirida por el subsiguiente

matrimonio de los padres

 

 

            Artículo 81 a 83: Regulan la denominada legitimación, la cual consiste en la posibilidad de otorgar una filiación matrimonial a los hijos habidos antes del matrimonio, una vez que el vínculo de sus padres se ha constituido. Hay que recordar que en el párrafo tercero del artículo 25 se establecía que los padres deben indicar en la solicitud de matrimonio si han tenido hijos antes de casarse; eso se estipula para efectos de la legitimación, precisamente.

 

            Respecto de este instituto la Sala II, mediante sentencia de las 14:40 hrs. del 26/1/1994, dispuso:

 

En la doctrina del Derecho de Familia, la legitimación es el fenómeno jurídico mediante el cual, un hijo extramatrimonial, se convierte en hijo de matrimonio, a través del posterior enlace matrimonial de sus padres”.

 

            En este sentido también se pronunció el Tribunal de Familia en la sentencia Nº 64, de las 11:20 hrs. del 25/1/2006, en los siguientes términos:

 

“La solicitud de los padres para que un hijo sea tenido como de matrimonio, es la pretensión de “legitimación” (v.gr. artículo 81 párrafo final del Código de Familia). Esto podría ocurrir cuando un hijo nace fuera del matrimonio, mas sus padres contraen nupcias posteriormente.”

 

Existen seis formas de obtener la legitimación de los hijos, cualquiera de todas puede ser usada por el padre o conjuntamente por ambos progenitores, según convenga:

 

            * A través de un testamento.

 

            * Por medio de escritura pública.

 

            * Por acta levantada ante el Patronato Nacional de la Infancia.

 

            * Por medio de un escrito dirigido al Registro Civil.

 

            * Ante el funcionario que celebra la boda, ya sea en la solicitud para contraer matrimonio o en el momento de la celebración de la boda.

 

            * Si se dejan pasar todos esos medios, la legitimación puede solicitarse aun ante el Juez de Familia.

 

            Es importante señalar que aun cuando el matrimonio se anule, los hijos legitimados mantienen su condición de matrimoniales.

 

            Cabe cuestionarse si para poder legitimarse a un hijo este debe estar previamente reconocido por sus padres, o no. Pareciera que sí debe haberse establecido previamente la filiación, ya sea a través de un reconocimiento o de un proceso de investigación de paternidad o maternidad. Obsérvese que el artículo 81 señala “los hijos procreados por los mismos padres antes del matrimonio (...)”, y no hay ninguna forma de demostrar que “fueron procreados por los mismos padres” si no está previamente establecida la filiación.

 

            También debe indicarse que la filiación matrimonial adquirida a través de la legitimación tiene efectos retroactivos a la fecha de la concepción del hijo y estos efectos se extienden aun a los descendientes de los hijos que hubiesen muerto antes de la celebración del vínculo matrimonial de sus padres.

 

            El proceso de legitimación se tramitaba por la vía abreviada, según lo establece Código Procesal Civil:

 

“Artículo 420.- Asuntos sujetos a este trámite.

Cualquiera que sea su cuantía, las siguientes pretensiones se tramitarán y decidirán el proceso abreviado: (...)

6) La legitimación. (...)”

 

            Sin embargo, se reitera que la Ley Nº 8101, del 16 de abril del 2001, por medio de su artículo 4 le adicionó al Código de Familia un artículo 98 bis, el cual estableció un proceso especial para los asuntos relacionados con el tema de la filiación.

 

 


Capítulo IV

Hijos habidos fuera del matrimonio

 

 

            Artículos 84 a 90: regulan lo relativo al reconocimiento de los hijos extramatrimoniales.

 

            Una primera forma de establecer la filiación de un hijo habido fuera del matrimonio es el reconocimiento, puro y simple, para lo cual basta que no conste su paternidad en el Registro Civil artículo 84- y que no esté en posesión notoria de estado por parte de alguna otra persona artículo 90-. Con esto lo que se quiere es evitar que se den eventuales conflictos de paternidad.

 

            El reconocimiento puede hacerse artículo 84- tanto de los hijos vivos, como de los hijos por nacer reconocimiento de vientre-, o los hijos ya fallecidos reconocimiento post mortem-, siempre y cuando, es necesario insistir, sea un hijo habido fuera del matrimonio, ya que no debe olvidarse que en los casos de los hijos matrimoniales estos tienen, desde el inicio, una filiación establecida en virtud de estar protegidos por la presunción de paternidad del artículo 69.

 

            Sobre el reconocimiento de vientre, mediante resolución Nº 75, de las 15:20 hrs. del 23/4/1997, la Sala II señaló:

 

Otro concepto, desarrollado más bien jurisprudencialmente, es el denominado "reconocimiento de vientre", que consiste en la exteriorización y disposición del hombre, para considerar y valorar el producto del vientre de la mujer embarazada, como suyo, frente a los demás.”

 

            Para poder reconocer un hijo es necesario, además, que la madre consienta en ello artículo 84-, a menos que el reconocimiento se efectúe a través de un testamento, ante lo cual la madre no puede oponerse artículo 89-.

 

            Existen tres formas de realizar un reconocimiento puro y simple, o mediante trámite regular, que es lo mismo artículo 84-:

 

            * Ante el Registro Civil.

 

            * Ante el Patronato Nacional de la Infancia.

 

            * Ante un notario público.

 

            En cualquiera de estos casos es necesario que ambos padres lo soliciten conjuntamente, en forma personal, o que el padre demuestre que la madre biológica del hijo consintió, salvo si se reconoce por testamento, según se anotó anteriormente.

 

            Una segunda forma de reconocer un hijo extramatrimonial es mediante el reconocimiento de hijo de mujer casada artículo 85-, en cuyo caso, a diferencia del reconocimiento puro y simple, el hijo por reconocer tendrá una paternidad establecida en el Registro Civil estará inscrito como hijo del marido, toda vez que nació bajo la presunción de paternidad del artículo 69-.

 

            Para establecer la filiación del hijo a través de este proceso es necesario que se den cuatro circunstancias:

 

            * Que la madre biológica del hijo esté o estuviera ligada en matrimonio con el padre registral del que se pretende reconocer.

 

            * Que la concepción del hijo se haya dado durante la separación de hecho de los cónyuges.

 

            * Que el marido no haya tenido al hijo en posesión notoria de estado.

 

            * Que el trámite de reconocimiento sea aprobado por el Juez de Familia.

 

            Existen dos maneras de reconocer a un hijo habido con una mujer casada.

 

            Una primera forma es que el padre biológico se apersone en un proceso de impugnación de paternidad interpuesto por el marido en contra del hijo protegido por la presunción de paternidad del artículo 69. En este caso, el padre biológico se apersona en el proceso y le solicita al Juez que el hijo impugnado por el marido se tenga como hijo suyo. Claro está, para que el reconocimiento prospere es necesario que la impugnación sea declarada con lugar. La razón es muy sencilla y es que si la acción del marido se declara sin lugar, la filiación del hijo quedará a nombre de este; es decir, que se confirmará una filiación matrimonial para el hijo impugnado. Aun en este caso, todavía quedará abierta una posibilidad más para que el padre registral pueda establecer la filiación y es la otra forma de reconocer: el reconocimiento de hijo de mujer casada.

 

            Para que este proceso prospere se requiere cumplir con los cuatro requisitos establecidos párrafos atrás; además, la gestión debe ser realizada por el padre biológico que pretende establecer la filiación del hijo cuya madre está ligada en matrimonio con el padre registral de estos. La gestión se presenta ante el Juez de Familia del domicilio del padre biológico.

 

            Respecto del tema en cuestión la Sala II lo abordó en los siguientes términos, mediante la sentencia Nº 382, de las 10:20 hrs. del 30/7/2003:

 

Sobre el reconocimiento del padre respecto de los hijos fuera de matrimonio y los concebidos cuando la madre esté ligada en matrimonio, que es la situación que interesa en este caso, el texto de las normas transcritas es claro en cuanto crea un procedimiento específico para realizarlo. En ambos casos, se requiere la voluntad de la madre (...) El texto del artículo 84 no establece por sí mismo un impedimento absoluto si no media el consentimiento de la madre. Nótese que en el primer párrafo se conserva el principio de que podrán ser reconocidos por sus padres todos los hijos habidos fuera de matrimonio. En el segundo párrafo se dice que el reconocimiento deberá efectuarse ante el Registro Civil, el Patronato Nacional de la Infancia o un notario público “siempre que ambos padres comparezcan personalmente o haya mediado consentimiento expreso de la madre”. No dice la norma que queda prohibido el reconocimiento mediante juicio, en aquellos casos de situaciones reales en los cuales el padre ejerciendo un derecho pretende cumplir a su vez con su deber de progenitor

 

            El procedimiento que debe desarrollarse para tal efecto está regulado en el Código Procesal Civil, en los artículos 819 y siguientes, y es tenido, en principio, como una actividad judicial no contenciosa; esto significa que es un proceso en donde no existe contención de partes o intereses opuestos, por lo menos en principio, tal y como se verá.

 

            No debe caerse en confusión por el hecho que actualmente el artículo 85 del Código de Familia señale que son los artículos 796 y siguientes del Código Procesal Civil los que regulan este proceso. La explicación es muy sencilla. El artículo 85 referido fue reformado la última vez mediante Ley N° 7538, el 22 de agosto de 1995, pero mediante Ley N° 7643, del 17 de octubre de 1996, se corrió la numeración del Código Procesal Civil en 23 artículos a partir del artículo 760. Por eso es que actualmente el reconocimiento de hijo de mujer casada se tramita por lo dispuesto en los artículos 819 y siguientes del Código Procesal Civil.

 

            En el proceso deben intervenir los cónyuges que figuren como padre y madre en el Registro Civil. En la práctica lo que usa con mucha frecuencia, si no hay oposición de estos, y si ambos están de acuerdo, es adjuntar con el escrito inicial, un escrito adicional en que tanto el marido como la esposa se dan por enterados de las diligencias que el padre registral está promoviendo y se dan por notificados, manifestando que no se oponen a las mismas. Lo anterior es simplemente una práctica de litigantes y no debe entenderse que es un requisito presentar el escrito de los cónyuges en los términos dichos toda vez que, en todo caso, a estos deben necesariamente notificárseles las diligencias para que manifiesten su oposición o su conformidad. La costumbre dicha lo único que haría es abreviar el desarrollo de las diligencias de reconocimiento.

 

Ahora bien, si alguno o ambos cónyuges no pueden ser habidos para notificarles la audiencia de rigor, o bien, si son desconocidos o se ignora su paradero, puede notificárseles mediante un edicto o aviso en el Boletín Judicial. Resulta curioso en este punto que el Código de Familia no establezca cuál es el plazo que tienen los padres registrales para apersonarse al proceso una vez publicado el edicto en el Boletín Judicial. Debe entenderse entonces que es hasta antes de que se dicte sentencia.

 

            También debe intervenir en el proceso el albacea del padre o madre registrales, si alguno de estos hubiese fallecido; en igual forma, si el hijo a reconocer es menor de edad, debe dársele audiencia al PANI; finalmente si el hijo es mayor de edad, este también debe intervenir en el proceso.

 

Si en el transcurso del proceso surgiera oposición de cualquiera de las partes que intervienen en este, se suspenden las diligencias y se remiten las partes al proceso especial previsto por el Código de Familia en el artículo 98 bis.

 

            Si no hubiera oposición y el Juez tiene por demostrados todos los aspectos de los que se ha venido haciendo referencia, se aprueba el reconocimiento y se envía a inscribir ante el Registro Civil la ejecutoria de la sentencia respectiva.

 

            La tercera forma de establecer la filiación por esta vía es realizar un reconocimiento por testamento artículo 89-. Para tales efectos, el que desea reconocer al hijo debe confeccionar un testamento y estipular en este que instituye como heredero o legatario a su hijo “X”.

 

            El Tribunal II Civil, Sección II, mediante la sentencia Nº 199, de las 14:25 hrs. del 24/5/2001, estableció:

 

El testamento suele ser definido como un negocio jurídico en virtud del cual una persona dispone para después de su muerte de todos sus bienes o de parte de ellos. Es decir, constituye un negocio jurídico traslativo de dominio a título mortis causa. Desde ese punto de vista se puede afirmar que las declaraciones de última voluntad que en él se consignan son netamente de contenido patrimonial. Sin embargo se admite, aún en nuestra legislación, que en él se incluyan también declaraciones de última voluntad sin ese contenido patrimonial, tal y como sucede cuando el testador al hacer el otorgamiento efectúa el reconocimiento de un hijo.”

 

            Vale la pena citar en este punto algunas disposiciones que el Código Civil establece respecto de los testamentos:

 

“Artículo 583.-

Puede otorgarse testamento abierto:

1.- Ante un cartulario y tres testigos; pero si el mismo testador escribe el testamento, bastan dos testigos y el cartulario.

2.- Ante cuatro testigos sin cartulario, si el testador lo escribe; o antes seis testigos, si el testador no lo escribe.

 

     Artículo 587.

El testamento cerrado puede no ser escrito por el testador, pero debe estar firmado por él. Lo presentará en un sobre cerrado al notario público, quien extenderá una escritura en la cual hará constar que el testamento le fue presentado por el mismo testador sus declaraciones sobre el número de hojas que contiene, si está inscrito y firmado por él, y si tienen algún borrón, enmienda, entrerrenglonada o nota.

En el sobre, el notario consignará una razón indicadora de que contiene el testamento de quien lo presenta, el lugar, la hora y la fecha de otorgamiento de la escritura, así como el número, el tomo y la página del protocolo donde costa. El notario tomará las providencias necesarias para asegurar que el sobre esté cerrado de tal modo que se garantice su inviolabilidad. Tanto la escritura como la razón deben ser firmadas por el testador, el notario y dos testigos instrumentales. Concluida la diligencia, se devolverá el testamento al testador.

Quienes no sepan leer ni escribir no pueden hacer testamento cerrado.”

           

Ya se dijo que el reconocimiento hecho por la vía testamentaria no puede ser objetado por la madre del reconocido; además, si el testamento luego es revocado, el reconocimiento no pierde su fuerza legal artículo 89-.

 

            Establecidas ya las tres formas de reconocer un hijo es importante señalar que el reconocimiento, una vez que este ha operado, es irrevocable artículo 87-; es decir, no se puede reconocer a un hijo y luego “desconocerlo”, ya que la filiación quedará establecida definitivamente, salvo que el reconocimiento sea impugnado, a lo cual luego se hará referencia. Debe anotarse también que los herederos de quien reconoce no pueden oponerse a ello y que si el hijo que se va a reconocer ya es mayor de edad, debe contarse con su consentimiento artículo 88-. Otro aspecto relevante de mencionar es que no se puede reconocer a una persona que tiene una filiación establecida por la posesión notoria de estado artículo 90-.

 

            Finalmente se analizará la impugnación de reconocimiento, que es la forma de desvirtuar un reconocimiento que se ha hecho fraudulentamente o por error.

 

            Al respecto el Código Procesal Civil establece que tal acción debe realizarse a través de un proceso abreviado:

 

“Artículo 420.- Asuntos sujetos a este trámite.

Cualquiera que sea su cuantía, las siguientes pretensiones se tramitarán y decidirán el proceso abreviado: (...)

3) La impugnación de la paternidad e impugnación de reconocimiento (...)”

 

No obstante lo anterior, No hay que olvidar que actualmente hay que acudir al proceso especial previsto por el artículo 98 bis del Código de Familia.

 

La legitimación activa para hacer la impugnación referida la tienen el reconocido o cualquier persona que tenga un interés en ello, como podría ser un heredero de quien reconoció o el mismo padre que hizo el reconocimiento, siempre y cuando, según se verá, haya habido falsedad o error. En este punto, la Sala II Nº 262, de las 10:10 hrs. del 29/10/1997- ha resuelto:

 

Debe determinarse si, el actor, de conformidad con la legislación vigente, se encuentra en los supuestos previstos para poder impugnar la paternidad del niño, por él libremente reconocido. En ese sentido, el artículo 86 del Código de Familia contempla la posibilidad, en favor del reconocido o de quien tenga interés, de impugnar el reconocimiento, pero solo en aquellos casos en los que ha mediado, directamente, falsedad o error en la voluntad de quien lo hizo. A pesar de que el numeral 87 ibídem, establece que ese acto es irrevocable, la jurisprudencia ha señalado, de manera reiterada, que su autor también puede ejercer la acción impugnativa a la que hace referencia el artículo 87 citado; aunque si bien, no de manera unilateral y privada, sino por medio de un proceso judicial. Ahora bien, para que una petitoria en ese sentido sea atendible, resulta indispensable que existan razones específicas y fundadas; en concreto, la falsedad o el error respecto del reconocimiento realizado. En este asunto, las invocadas en la demanda, que responden, únicamente, al deseo o la mera voluntad del accionante, no pueden tener tal virtud. El recurrente reclamó (...) que había reconocido al niño debido a un error basado en la confianza y en el amor que para entonces lo unía a la madre (...) Ese alegato no es válido para poder declarar con lugar la impugnación, toda vez que (...) él tenía la plena certeza de que ese niño, por nacer, no era su hijo y, aun en esas circunstancias, libremente, decidió reconocerlo como suyo; razón por la cual, no pudo mediar error alguno que viciara su voluntad, y, tampoco existió falsedad, en ese libre reconocimiento, pues en ningún momento se le pretendió hacer creer que el niño había sido engendrado por él. Acceder a la impugnación en un caso como este, implicaría dejar en un estado de grave inseguridad jurídica sobre todo al infante.”

 

            En este aspecto se discrepa del respetable criterio de los Señores Magistrados. Obsérvese con detenimiento que el Código de Familia dispone:

 

“Artículo 86.- El reconocimiento podrá ser impugnado por el reconocido o por quien tenga interés, cuando ha sido hecho mediante falsedad o error (...)”

 

            Es decir, que el reconocimiento puede impugnarse por el propio reconocido o por quien tenga interés, siempre que se haya realizado por falsedad o por error. De la redacción de esa norma no se excluye que el propio autor del reconocimiento pueda, mediante un proceso en sede jurisdiccional, impugnar tal reconocimiento, siempre y cuando logre probar que este se hizo mediando falsedad o error. Hay ocasiones en que una persona reconoce a un niño, que sabe que no es su hijo, por intereses ajenos a la filiación propiamente y que surgen entre la madre del reconocido y el varón que con ella comparte su vida. A veces, incluso, lo anterior se constituye en una condición para la convivencia o en una forma para conquistar al compañero; incluso muchos hombres actúan así como un acto de desprendimiento o generosidad para con su compañera y su hijo, brindándole a este un apellido y una tutela jurídica de la cual carece, lo cual no es nada reprochable.

 

            La adopción podría solucionar estas situaciones, toda vez que por medio de esta se instituye de manera definitiva una filiación legal; pero se considera que el reconocimiento no reúne tal característica, por cuanto afecta principios fundamentales. En este sentido, si un reconocimiento no se ajusta a la verdad, bien sea por un error o porque haya mediado falsedad, y un hombre reconoce a una criatura, sin que esta sea su hijo, aun cuando se tenga pleno conocimiento de ello, se considera que no existe ninguna razón para perpetuar ese vicio en la voluntad, dándole sostenimiento jurídico a una situación por demás ajena a la realidad. Claro está que el espíritu de la norma es mantener el reconocimiento y la filiación derivada de este, cuando ello corresponde a la verdad real, pero no pareciera que tal cosa no debe ser cuando ese reconocimiento fue falso o medió error, aunque el que reconoció al hijo que no era suyo estuviera consciente de tal situación.

 

De establecerse un criterio contrario, el tercero que reconoce al niño a sabiendas que él no lo engendró, estaría ante una conducta delictiva, al igual que lo estaría –por complicidad- la madre que consienta en el reconocimiento. Hay señalar que el artículo 182 del Código Penal sanciona con prisión de tres a ocho años, a quien haga insertar, en un acta de nacimiento, hechos falsos que alteren los datos civiles o la filiación de una persona recién nacida. El delito en tal caso sería de carácter doloso, por cuanto la conducta es delictiva con el solo conocimiento de que el niño que se reconoce no es hijo biológico. Podría haber una atenuación de la conducta si el reconocimiento se hizo "con el fin de amparar al menor", pero seguiría siendo delito.

 

            Un elemento más para tomar en cuenta en la discrepancia con el criterio de la Sala se origina en el derecho de toda persona a saber quiénes son sus padres artículo 53 de la Constitución Política, 7 de la Convención Americana de los Derechos del Niño y 91 del Código de Familia-:

 

            La Constitución Política dispone:

 

Artículo 53.- Los padres tienen con sus hijos habidos fuera del matrimonio las mismas obligaciones que con los nacidos en él.

Toda persona tiene derecho a saber quiénes son sus padres, conforme a la ley.”

 

            Por su parte, la Convención Americana de los Derechos del Niño estipula:

 

“Artículo 7. El niño será inscrito inmediatamente después de su nacimiento y tendrá derecho desde que nace a un nombre, a adquirir una nacionalidad y, en la medida de lo posible, a conocer a sus padres y a ser cuidado por ellos.”

 

            Finalmente, el Código de Familia establece:

 

“Artículo 91.- Es permitido al hijo y a sus descendientes investigar la paternidad y la maternidad.”

 

            En este sentido, de la lectura de esas normas pareciera que sostener que el reconocimiento debe mantenerse aun cuando el padre haya incurrido en falsedad o error, sería perpetuar una situación contraria a la paternidad biológica y se considera que resultaría contrario al espíritu de esas normas.

 

            Es necesario demostrar al Juez que hubo falsedad o error al momento de reconocer. Es decir, debe demostrarse que el reconocimiento se hizo porque se indujo en un error a la persona que reconoció, haciéndole creer que el reconocido era hijo suyo, cuando la realidad era otra; o, en su defecto, que quien reconoció lo hizo con otro propósito distinto al de establecer una filiación con su hijo. Este último caso podría darse si, por ejemplo, un extranjero, con el propósito de obtener la cédula de residencia costarricense, reconoce una persona que no es hijo suyo; aquí habría un fraude evidente, lo cual sería causa suficiente para impugnar esa filiación establecida por ese medio. También podría ser el caso de un reconocimiento para evitar el trámite de una adopción.

 

            Hasta el mes de enero del 2002, tratándose del hijo reconocido, este tenía un plazo de dos años para impugnar el reconocimiento, contado desde que cumplió la mayoría de edad, si es que se dio cuenta cuando aún era menor de edad de la falsedad o el error en su reconocimiento. Si se dio cuenta siendo mayor, o en su defecto, si fue reconocido siendo mayor, el plazo de los dos años corría a partir del momento en que tuvo conocimiento de los hechos que le hacían presumir el error o la falsedad en lo actuado por el padre que lo reconoció. Esta disposición estaba contenida en el antiguo párrafo segundo del artículo 86. No obstante, este párrafo fue declarado inconstitucional por el voto Nº 151-2002, aclarado por el voto Nº 1752-2002, ambos de la Sala Constitucional. De esta forma, con posterioridad a enero del 2002, los hijos podían impugnar sus reconocimientos en cualquier momento, siempre y cuando, se reitera, hubiera habido falsedad o error en el mismo. Luego la misma Sala Constitucional, mediante el voto 6813-2008 interpretó que el artículo 86, párrafo segundo, del Código de Familia es inconstitucional, al establecer un plazo de caducidad de la pretensión de impugnación de paternidad –hasta que el menor adquiera la mayoridad- diferente al establecido en el artículo 73 de ese mismo cuerpo normativo –un año a partir del momento en que tuvo conocimiento de los hechos que le sirven de fundamento para la impugnación existiendo posesión notoria de estado-. En consecuencia, el plazo de caducidad para que un tercero interesado impugne el reconocimiento de los hijos extramatrimoniales que estuvieren en posesión notoria de estado, será el establecido en el artículo 73, párrafo segundo, del Código de Familia.

 

            Tratándose de terceros interesados, estos pueden, entonces, impugnar ya no solo el reconocimiento mientras el reconocido fuera menor de edad, sino que tendrán un año a partir del momento en que tuvo conocimiento de los hechos que le sirven de fundamento para la impugnación, existiendo posesión notoria de estado.

 

            Nota importante: Mediante la Ley N° 8101 –del 16 de abril del 2001- se aprobó un proyecto de ley denominado “LEY DE PATERNIDAD RESPONSABLE”, al cual se le asignó el expediente N° 14.064, que vino a modificar varios aspectos mencionados acerca de la filiación, por lo que se hará un resumen de sus principales aspectos.

 

Esta ley reformó el artículo 54 de la Ley Orgánica del Tribunal Supremo de Elecciones y del Registro Civil, de forma tal que en adelante, a la hora de inscribir el nacimiento de un hijo o hija extramatrimonial, se consigna la paternidad y maternidad de este cuando la declaración la hacen las dos personas que se atribuyen la calidad de progenitores y la firman.

 

            De no estar presente el padre a la hora de la inscripción del nacimiento, la madre, previa información de las disposiciones normativas respecto de la declaración e inscripción de la paternidad y de las características de certeza de la prueba de ADN, puede firmar la declaración e indicar el nombre del presunto padre.

 

En ese momento, la criatura quedará inscrita solo con los apellidos de su madre, pero el presunto padre será notificado, para que en un plazo de diez días se manifieste al respecto, con la prevención que si no se opone al señalamiento de paternidad ello equivale al reconocimiento administrativo de la filiación. De oponerse, se le dará una sola cita para realizarse un estudio comparativo de marcadores genéticos, ante los laboratorios judiciales o los acreditados debidamente por la Corte Suprema de Justicia, para establecer de manera definitiva si la filiación señalada es cierta. Si no se apersona o se niega a practicarse la prueba genética, se aplica la presunción de paternidad y ello da lugar a la declaratoria administrativa y se inscribe el menor con los apellidos de ambos progenitores, derivándose de eso las obligaciones legales propias de la paternidad.

 

            Si la declaración administrativa de paternidad se inscribe sin que se hiciera el estudio de marcadores genéticos, el padre o sus sucesores pueden tramitar judicialmente un proceso de impugnación de la paternidad declarada administrativamente, sin que eso suspenda el trámite de inscripción del menor.

 

La notificación que haga al padre el Registro Civil se debe ajustar a lo dispuesto por la Ley de notificaciones, citaciones y otras comunicaciones Nº 7637-, y puede apoyarse en el sistema judicial existente para cumplir ese trámite.

 

La ley igualmente reformó los artículos 96 y 156 del Código de Familia. En cuanto al artículo 96, en adelante, cuando un tribunal acoja la declaración de paternidad podrá en la sentencia condenar al padre a rembolsar a la madre los gastos de embarazo, maternidad y alimentación de criatura durante los doce meses posteriores al nacimiento y no durante los tres meses que antes se estipulaba. Al respecto ya se pronunció el Tribunal de Familia en la sentencia Nº 1710, de las 8:00 hrs. del 24/11/2003, señalando:

 

“Es unánime la opinión de la doctrina, en cuanto a la imprescriptibilidad del derecho a pedir alimentos. Este derecho tiene un matiz público que lo aleja del poder dispositivo, típico de la autonomía privada, por lo que la ley, artículo 154 del Código de Familia, dispone que no es un derecho renunciable, no es transmisible, ni se puede compensar una deuda de alimentos. Como estamos ante un derecho no patrimonial, no lo afecta la prescripción. Sin embargo, debe quedar claro, que lo que no es susceptible de prescripción, es el derecho de pedir alimentos, porque ese derecho no está en el comercio de los hombres, pero debe distinguirse el derecho a reclamar las pensiones ya devengadas, porque estas, como todo otro derecho patrimonial, sí es susceptible de extinción, por el transcurso del tiempo. El artículo 159 del Código de Familia, establece la posibilidad de cobrar alimentos atrasados, pero solo en los doce meses anteriores a la demanda, y si se comprueba que el alimentario ha tenido que contraer deudas para vivir. El contenido de este artículo nos hace concluir que, las deudas por alimentos anteriores al año de la presentación de la demanda, no es posible cobrarlas; teniendo esto fundamento en la naturaleza de la obligación. Sin embargo, el artículo 159 de Código de Familia, deja a salvo de falta de derecho para cobrar alimentos, los casos a que se refiere el artículo 96 del mismo cuerpo de leyes, que es el que considera mal aplicado el recurrente. No puede interpretarse que la salvedad que hace el artículo 159 antes citado, refiriéndose al artículo 96 del mismo cuerpo de leyes, declara imprescriptible el derecho a pedir los gastos de maternidad y los alimentos de los tres meses posteriores al alumbramiento. De considerarlo así, estaríamos violentando los artículos 865 y 868 del Código Civil, que plasman en nuestro ordenamiento civil, el unánime criterio doctrinal de que, salvo las excepciones de ley, todo derecho y su correspondiente acción, se extinguen por el transcurso del plazo en el que se opera la prescripción negativa. Sobre este tema, no debe olvidarse que, la irrenunciabilidad y la imprescriptibilidad del derecho de pedir alimentos, tiene su fundamento en la necesidad de toda persona de vivir decorosamente, en su minoridad o ante cualquier incapacidad para obtenerlos, de ahí surge la obligación de los parientes u otra persona obligada por alguna circunstancia, a proveerlos cabal y cumplidamente. Pero esta obligación consiste en dar los alimentos actuales, o como lo indica nuestro Código de Familia, se extiende a los doce meses anteriores, salvo la excepción del artículo 69. Los otros alimentos que correspondan o hayan correspondido a otras etapas de la vida del alimentario, se extinguen con el transcurso del tiempo.”

 

Se introdujo también, en la referida Ley Nº 8101, un aspecto nuevo y es que a esos rubros se les aplicará la prescripción decenal, lo que significa que si pasan más de diez años desde el nacimiento, la paternidad puede aun establecerse, pero no pueden cobrarse los gastos del año siguiente al nacimiento. Subsistirá en adelante, claro está, la obligación alimentaria pura y simple derivada de la paternidad. Se dispuso además que en todo caso, una vez declarada la paternidad, la obligación alimentaria del padre respecto al hijo se retrotrae a la fecha de presentación de la demanda y se liquida en el proceso alimentario correspondiente mediante del trámite de ejecución de sentencia, lo cual constituyó también un asunto innovador. El pago de estas pensiones retroactivas queda garantizado con la facultad que se le da al Juez de Pensiones Alimentarias para que al dar curso al proceso decrete embargo de bienes contra el demandado por un monto prudencial que cubra los derechos de las personas beneficiarias. Dicho embargo no requiere depósito previo ni garantía de ningún tipo.

 

El pago retroactivo de estos alimentos puede ordenarse incluso si la parte no lo ha solicitado, por cuanto el aspecto alimentario se considera una consecuencia natural de la filiación. Así lo estableció la Sala II en la sentencia Nº 125, de las 10:35 hrs. del 15/2/2008:

 

“El recurrente considera que se incurrió en el vicio de incongruencia al condenársele a pagar alimentos en forma retroactiva a la fecha de presentación de la demanda, a pesar de que tal cuestión no formó parte de la petitoria de la demandante. No obstante, debe indicarse que esta Sala ha señalado, en forma reiterada, que no se incurre en ese vicio cuando el pronunciamiento resulte ser una consecuencia de lo pretendido, como en el caso resulta ser el relacionado con los alimentos, el cual encuentra sustento en el artículo 96 del Código de Familia que, en lo que interesa, establece (...) Esta norma hace posible un pronunciamiento oficioso en lo tocante a los alimentos, que deviene de la declaratoria de paternidad, sin que entonces se incurra en el vicio procesal apuntado. Lo dispuesto sobre alimentos constituye una consecuencia lógica y natural, derivada de la declaración de paternidad realizada y así lo ha dispuesto la Sala en reiteradas sentencias. (...) En el caso concreto, el proceso es de declaración de paternidad, declarada la cual se generan consecuencias que surgen necesariamente de tal declaratoria, como el derecho del niño a llevar los apellidos de su progenitor, de ser alimentado por él y de sucederlo ab intestato. Lo anterior es así, aún cuando se haya omitido incluir en la demanda una pretensión específica a su respecto... Ese otorgamiento tuvo como sustento jurídico, el contenido del numeral 96 del Código de Familia vigente para la época del nacimiento del niño, el cual establecía:... Está claro que la norma faculta a los jueces a realizar dicha condenatoria aún cuando no se haya incluido ninguna pretensión a su respecto. Lo anterior, deviene en una consecuencia, precisamente, de la declaratoria de paternidad. Por esa razón no se ha incurrido en la incongruencia del fallo prevista como un motivo de casación por razones procesales (...)”

 

En lo que respecta al artículo 156, se dispone que no ejerza la patria potestad el padre o la madre cuya negativa a reconocer a su hijo haga necesaria la declaración administrativa o judicial de filiación. Posteriormente, el Tribunal puede decidir lo contrario, según la conveniencia del menor.

 

Al artículo 98 del Código de Familia, que actualmente regula lo pertinente a las pruebas científicas dentro de los procesos de investigación o impugnación de paternidad o maternidad, la ley le adiciona un artículo 98 bis, el cual viene a regular los siguientes aspectos de orden procesal:

 

* En el escrito de la demanda se indicarán necesariamente:

 

1.- Los nombres y calidades de ambas partes.

 

2.- Los hechos que sirven de fundamento.

 

3.- Las normas que respaldan lo pretendido.

 

4.- La pretensión propiamente.

 

5.- El ofrecimiento de las pruebas, indicando, en su caso, el nombre y las calidades de los testigos.

 

6.- Lugar para recibir notificaciones.

 

* De ser defectuosa la demanda, el Juez ordenará al actor su corrección, en el plazo de tres días, puntualizando los requisitos omitidos o no llenados como es debido. Igual sucederá en el caso que la parte demandada, dentro de los tres primeros días del emplazamiento, señale algún defecto legal que el Juez halle procedente. En ambos casos, la resolución carecerá de recurso. De no cumplirse lo prevenido se declara inadmisible la demanda y se archiva.

 

* Para el emplazamiento se conceden diez días al demandado.

 

* En caso de incompetencia, el órgano jurisdiccional lo declara de oficio y remite el expediente a la instancia a quien le corresponda conocer el caso.

 

* La competencia se le otorga al órgano con jurisdicción sobre asuntos familiares del domicilio de la parte demandada o de la parte actora[2], a elección de esta última y sin posibilidad de prórroga.

 

* El Organismo de Investigación Judicial es citado en la misma resolución en que se curse la demanda, para que fije la fecha en que ha de practicarse la prueba científica sobre la paternidad o maternidad en discusión.

 

* Dentro de los treinta días siguientes a la contestación de la demanda se confiere audiencia para la recepción de pruebas, lo cual no se suspende por la interposición de incidentes, recursos o gestiones de naturaleza similar, los cuales se reservan para el inicio de la audiencia y se resuelven en esa oportunidad.

 

* La totalidad de la prueba debe evacuarse en la audiencia y solo cuando es muy abundante pueden fijarse audiencias sucesivas. Concluida la audiencia, se le da la palabra a las partes y a su representación legal para formular conclusiones.

 

* Si concluida la audiencia oral existe prueba científica pendiente de evacuar, se espera su resultado y al llegar este se pone en conocimiento de las partes, por tres días, para que formulen las observaciones pertinentes.

 

* Concluido todo lo anterior, se señala la hora de ese día para la lectura de la parte dispositiva de la sentencia, salvo en casos de gran complejidad, en los cuales se autoriza al juzgado para dictarla al día siguiente. La notificación de la sentencia íntegra se debe realizar en un plazo máximo de cinco días.

 

* La sentencia puede apelarse dentro del tercer día y, en su caso, la sentencia de segunda instancia admite el recurso de casación previsto para la materia de familia. Lo resuelto en firme en los procesos en los que se discuta la filiación, produce los efectos de la cosa juzgada material, imposibilitándose, por lo tanto, su discusión en otra vía[3].

 

            Volvamos ahora a las actuales disposiciones del Código de Familia.




[1] V.gr. Jean Carbonnier, "Derecho Civil", tomo I, volumen II, 1961 p. 285.; Alberto Brenes Córdoba, op. cit., p. 189.

[2] La Sala Constitucional mediante voto N° 11098-2009, estableció que tal aspecto no es inconstitucional siempre y cuando se interprete que la referencia a “… la posibilidad del actor de fijar la competencia es válida en tanto este represente los intereses del menor de edad de conformidad con lo expuesto en el último considerando de la sentencia”.

[3] La Sala Constitucional en el voto Nº 11158-2007 dispuso que lo dispuesto en este punto no resulta inconstitucional en el tanto se interprete que la sentencia vertida en un proceso de filiación con eficacia y autoridad de cosa juzgada admite el recurso extraordinario de revisión.

 

(Sergio Ramírez Acuña)

 

 

            Artículos 79 y 80: se refieren a los medios de prueba de la filiación matrimonial; esto es, de qué forma puede probarse que un hijo fue habido dentro del matrimonio.

 

            La prueba más común para lo anterior lo constituyen las actas de nacimiento inscritas en el Registro Civil. Si estas no existen, o si fueren incompletas o argüidas de falsas, puede probarse la filiación matrimonial por la posesión notoria de estado o por cualquier otro medio ordinario de prueba, dejando de esta forma la legislación abierta de manera amplia la posibilidad de probar la filiación de un hijo matrimonial.

 

            Trato aparte merece el concepto de posesión notoria de estado, del cual ya se hizo referencia en el comentario de varios artículos anteriores.

 

            Consiste esta institución jurídica en el cumplimiento de cuatro aspectos esenciales, derivados de la relación entre progenitores e hijos. Tratándose entonces de una filiación matrimonial –téngase en cuenta que no siempre el hijo matrimonial es hijo del marido-, para que exista posesión notoria de estado es necesario que estén presentes, necesariamente, las siguientes circunstancias:

 

            * Que sus padres le hayan dado el trato de hijo.

 

            * Que le hayan dado sus apellidos –lo cual, en todo caso, hace de oficio el Registro Civil cuando el hijo nace protegido por la presunción de paternidad del artículo 69-.

 

            * Que le hayan brindado la alimentación, entendida esta en un sentido más amplio que el simple suministro de comida, ya que también se incluye el vestido, medicinas, recreación, estudio, y otros aspectos de los cuales se hará referencia cuando se analice la parte de los alimentos.

 

            * Que lo hayan presentado como hijo ante terceros, de tal forma que estos y el vecindario en general, lo reputen como hijo del esposo y la esposa que figuran como sus padres registrales.

 

            Sobre este aspecto los tribunales han resuelto:

 

La calidad de padre o de madre de un menor (...), se puede establecer cuando se demuestra la posesión notoria de estado, que es precisamente el trato que un padre o una madre le dan al hijo, al brindarle cariño, facilita los bienes materiales que necesite para su manutención y crecimiento; así como, mediante la presentación social y familiar; pero también el artículo citado brinda la posibilidad de demostrar esa calidad o condición a través de cualquier medio probatorio que el ordenamiento jurídico permita; de manera que, aunque no se haya dado esa posesión notoria de estado, si medios de prueba idóneos permiten concluir que es cierto el vínculo, la solicitud para que se declare la paternidad, es procedente.” (Nº 159, de las 16:00 hrs. del 22/5/1996, Sala II).

 

            También la doctrina se ha ocupado de este tema[1] y ha sostenido que tal posesión se suele anunciar con tres términos latinos: "nomen, tractus y fama"; es decir, nombre, trato y fama, los cuales se dan: a) cuando el hijo usa el nombre de aquellos cuya filiación se le imputa, o sea, se refiere a la utilización del apellido del progenitor –“nomen"-; b) que el padre le haya dado tratamiento de tal, es decir, se le otorga relevancia al comportamiento observado por el progenitor o su familia en relación con el hijo –“tractus"-; y c) que la sociedad y la familia le haya reconocido la condición pretendida, lo cual se refiere al hecho de que en el ámbito o círculo social próximo al hijo este sea identificado o reconocido como descendiente del progenitor –"fama"-.

 

Así, la posesión de la calidad de hijo tiene por objeto el establecimiento de la filiación, partiendo de la existencia de hechos suficientes que vinculen a este con sus progenitores, a través de un conjunto de testimonios y antecedentes o circunstancias que la establezcan de un modo que no merezca dudas; por tanto, para que la posesión notoria de estado sea más que una realidad evidente, es necesario que el derecho le otorgue valor a cada uno de los elementos que la materializan: el nomen, tractus y fama o reputatio. Obsérvese que, en todo caso, esos tres aspectos fueron recogidos por la legislación, según ya se hizo referencia.

 

            A diferencia del hijo habido fuera del matrimonio, como luego se verá, tratándose del hijo matrimonial, para que se tenga a este en posesión notoria de estado, deben estar presentes las cuatro circunstancias acabadas de enumerar; con una sola que falte ya no habría posesión notoria de estado.

 

            La posesión notoria de estado es fundamental en casos como los siguientes los cuales son solo simples ejemplos y no constituyen exclusivamente las únicas circunstancias en que este instituto jurídico es importante-:

 

            * Si el marido la ejerce no es posible establecer el juicio de extramatrimonialidad artículo 71-, al igual que imposibilita el reconocimiento de un hijo de mujer casada artículo 85-.

 

            * Dependiendo de si se ejerce o no, el marido tendrá un plazo de un año, desde la fecha en que supo de los hechos que le sirven de fundamento para la impugnación, o toda la vida para impugnar la paternidad del hijo artículo 73-.

 

            * Es un medio de prueba de la filiación de los hijos habidos en matrimonio, en defecto de las actas de nacimiento, inscritas en el Registro Civil artículo 79-.

 

            * Si está presente, imposibilita realizar un reconocimiento puro y simple artículo 90-.

 

            * Sirve para establecer la calidad de padre o madre, tratándose de un proceso de investigación de paternidad o maternidad artículo 92-; e imposibilita a terceros establecer este proceso si está presente artículo 99-.

 

            * Confiere la posibilidad de tener derecho al pago de una indemnización cuando con ocasión de un accidente se produjere la muerte de una persona cubierta por el seguro obligatorio de automóviles Reglamento sobre el Seguro Obligatorio para Vehículos Automotores N° 25370-MOPT-J-MP, artículo 26-.

 

            * Otorga el derecho a pensión por orfandad de los hijos que al momento del fallecimiento dependan económicamente de una persona que esté protegida por el seguro de invalidez, vejez y muerte Reglamento del Seguro de Invalidez, Vejez y Muerte N° 6822, artículo 12-.

 

            Sobre el tema en cuestión el Tribunal de Familia se pronunció en la sentencia Nº 1870, de las 8:20 hrs. del 6/12/2005, en los siguientes términos:

 

“La posesión notoria de estado no es un concepto biológico, es un concepto jurídico que se encuentra debidamente tutelado en nuestra legislación. Obsérvese, por ejemplo, que una declaratoria de extramatrimonialidad no se puede acoger si el hijo ha estado en posesión notoria de estado (Artículo 71 del Código de Familia); o bien, que una impugnación de paternidad resulta caduca si, habiendo estado el hijo bajo posesión notoria de estado, la demanda se presenta después del año siguiente a que el padre registral se entera que no es el padre biológico (Artículo 73). El Título II del Código de Familia dedica varias normas a la definición y a la protección de la filiación adquirida mediante posesión notoria de estado. En el artículo 92 se establece que la calidad de padre o madre se puede establecer mediante la posesión notoria de estado del hijo por parte del presunto padre o madre, o por cualquier otro medio de prueba; en los numerales 80 y 93 se define a la posesión notoria de estado y en los artículos 90 y 99 se protege la filiación adquirida por esta vía al señalar de forma contundente que “no se admitirá ningún reconocimiento cuando el hijo tenga ya una filiación establecida por la posesión notoria de estado” y que “no se admitirá la acción de investigación cuando el hijo tenga una filiación establecida por la posesión notoria de estado.”

 


Capítulo III

Filiación adquirida por el subsiguiente

matrimonio de los padres

 

 

            Artículo 81 a 83: Regulan la denominada legitimación, la cual consiste en la posibilidad de otorgar una filiación matrimonial a los hijos habidos antes del matrimonio, una vez que el vínculo de sus padres se ha constituido. Hay que recordar que en el párrafo tercero del artículo 25 se establecía que los padres deben indicar en la solicitud de matrimonio si han tenido hijos antes de casarse; eso se estipula para efectos de la legitimación, precisamente.

 

            Respecto de este instituto la Sala II, mediante sentencia de las 14:40 hrs. del 26/1/1994, dispuso:

 

En la doctrina del Derecho de Familia, la legitimación es el fenómeno jurídico mediante el cual, un hijo extramatrimonial, se convierte en hijo de matrimonio, a través del posterior enlace matrimonial de sus padres”.

 

            En este sentido también se pronunció el Tribunal de Familia en la sentencia Nº 64, de las 11:20 hrs. del 25/1/2006, en los siguientes términos:

 

“La solicitud de los padres para que un hijo sea tenido como de matrimonio, es la pretensión de “legitimación” (v.gr. artículo 81 párrafo final del Código de Familia). Esto podría ocurrir cuando un hijo nace fuera del matrimonio, mas sus padres contraen nupcias posteriormente.”

 

Existen seis formas de obtener la legitimación de los hijos, cualquiera de todas puede ser usada por el padre o conjuntamente por ambos progenitores, según convenga:

 

            * A través de un testamento.

 

            * Por medio de escritura pública.

 

            * Por acta levantada ante el Patronato Nacional de la Infancia.

 

            * Por medio de un escrito dirigido al Registro Civil.

 

            * Ante el funcionario que celebra la boda, ya sea en la solicitud para contraer matrimonio o en el momento de la celebración de la boda.

 

            * Si se dejan pasar todos esos medios, la legitimación puede solicitarse aun ante el Juez de Familia.

 

            Es importante señalar que aun cuando el matrimonio se anule, los hijos legitimados mantienen su condición de matrimoniales.

 

            Cabe cuestionarse si para poder legitimarse a un hijo este debe estar previamente reconocido por sus padres, o no. Pareciera que sí debe haberse establecido previamente la filiación, ya sea a través de un reconocimiento o de un proceso de investigación de paternidad o maternidad. Obsérvese que el artículo 81 señala “los hijos procreados por los mismos padres antes del matrimonio (...)”, y no hay ninguna forma de demostrar que “fueron procreados por los mismos padres” si no está previamente establecida la filiación.

 

            También debe indicarse que la filiación matrimonial adquirida a través de la legitimación tiene efectos retroactivos a la fecha de la concepción del hijo y estos efectos se extienden aun a los descendientes de los hijos que hubiesen muerto antes de la celebración del vínculo matrimonial de sus padres.

 

            El proceso de legitimación se tramitaba por la vía abreviada, según lo establece Código Procesal Civil:

 

“Artículo 420.- Asuntos sujetos a este trámite.

Cualquiera que sea su cuantía, las siguientes pretensiones se tramitarán y decidirán el proceso abreviado: (...)

6) La legitimación. (...)”

 

            Sin embargo, se reitera que la Ley Nº 8101, del 16 de abril del 2001, por medio de su artículo 4 le adicionó al Código de Familia un artículo 98 bis, el cual estableció un proceso especial para los asuntos relacionados con el tema de la filiación.

 

 


Capítulo IV

Hijos habidos fuera del matrimonio

 

 

            Artículos 84 a 90: regulan lo relativo al reconocimiento de los hijos extramatrimoniales.

 

            Una primera forma de establecer la filiación de un hijo habido fuera del matrimonio es el reconocimiento, puro y simple, para lo cual basta que no conste su paternidad en el Registro Civil artículo 84- y que no esté en posesión notoria de estado por parte de alguna otra persona artículo 90-. Con esto lo que se quiere es evitar que se den eventuales conflictos de paternidad.

 

            El reconocimiento puede hacerse artículo 84- tanto de los hijos vivos, como de los hijos por nacer reconocimiento de vientre-, o los hijos ya fallecidos reconocimiento post mortem-, siempre y cuando, es necesario insistir, sea un hijo habido fuera del matrimonio, ya que no debe olvidarse que en los casos de los hijos matrimoniales estos tienen, desde el inicio, una filiación establecida en virtud de estar protegidos por la presunción de paternidad del artículo 69.

 

            Sobre el reconocimiento de vientre, mediante resolución Nº 75, de las 15:20 hrs. del 23/4/1997, la Sala II señaló:

 

Otro concepto, desarrollado más bien jurisprudencialmente, es el denominado "reconocimiento de vientre", que consiste en la exteriorización y disposición del hombre, para considerar y valorar el producto del vientre de la mujer embarazada, como suyo, frente a los demás.”

 

            Para poder reconocer un hijo es necesario, además, que la madre consienta en ello artículo 84-, a menos que el reconocimiento se efectúe a través de un testamento, ante lo cual la madre no puede oponerse artículo 89-.

 

            Existen tres formas de realizar un reconocimiento puro y simple, o mediante trámite regular, que es lo mismo artículo 84-:

 

            * Ante el Registro Civil.

 

            * Ante el Patronato Nacional de la Infancia.

 

            * Ante un notario público.

 

            En cualquiera de estos casos es necesario que ambos padres lo soliciten conjuntamente, en forma personal, o que el padre demuestre que la madre biológica del hijo consintió, salvo si se reconoce por testamento, según se anotó anteriormente.

 

            Una segunda forma de reconocer un hijo extramatrimonial es mediante el reconocimiento de hijo de mujer casada artículo 85-, en cuyo caso, a diferencia del reconocimiento puro y simple, el hijo por reconocer tendrá una paternidad establecida en el Registro Civil estará inscrito como hijo del marido, toda vez que nació bajo la presunción de paternidad del artículo 69-.

 

            Para establecer la filiación del hijo a través de este proceso es necesario que se den cuatro circunstancias:

 

            * Que la madre biológica del hijo esté o estuviera ligada en matrimonio con el padre registral del que se pretende reconocer.

 

            * Que la concepción del hijo se haya dado durante la separación de hecho de los cónyuges.

 

            * Que el marido no haya tenido al hijo en posesión notoria de estado.

 

            * Que el trámite de reconocimiento sea aprobado por el Juez de Familia.

 

            Existen dos maneras de reconocer a un hijo habido con una mujer casada.

 

            Una primera forma es que el padre biológico se apersone en un proceso de impugnación de paternidad interpuesto por el marido en contra del hijo protegido por la presunción de paternidad del artículo 69. En este caso, el padre biológico se apersona en el proceso y le solicita al Juez que el hijo impugnado por el marido se tenga como hijo suyo. Claro está, para que el reconocimiento prospere es necesario que la impugnación sea declarada con lugar. La razón es muy sencilla y es que si la acción del marido se declara sin lugar, la filiación del hijo quedará a nombre de este; es decir, que se confirmará una filiación matrimonial para el hijo impugnado. Aun en este caso, todavía quedará abierta una posibilidad más para que el padre registral pueda establecer la filiación y es la otra forma de reconocer: el reconocimiento de hijo de mujer casada.

 

            Para que este proceso prospere se requiere cumplir con los cuatro requisitos establecidos párrafos atrás; además, la gestión debe ser realizada por el padre biológico que pretende establecer la filiación del hijo cuya madre está ligada en matrimonio con el padre registral de estos. La gestión se presenta ante el Juez de Familia del domicilio del padre biológico.

 

            Respecto del tema en cuestión la Sala II lo abordó en los siguientes términos, mediante la sentencia Nº 382, de las 10:20 hrs. del 30/7/2003:

 

Sobre el reconocimiento del padre respecto de los hijos fuera de matrimonio y los concebidos cuando la madre esté ligada en matrimonio, que es la situación que interesa en este caso, el texto de las normas transcritas es claro en cuanto crea un procedimiento específico para realizarlo. En ambos casos, se requiere la voluntad de la madre (...) El texto del artículo 84 no establece por sí mismo un impedimento absoluto si no media el consentimiento de la madre. Nótese que en el primer párrafo se conserva el principio de que podrán ser reconocidos por sus padres todos los hijos habidos fuera de matrimonio. En el segundo párrafo se dice que el reconocimiento deberá efectuarse ante el Registro Civil, el Patronato Nacional de la Infancia o un notario público “siempre que ambos padres comparezcan personalmente o haya mediado consentimiento expreso de la madre”. No dice la norma que queda prohibido el reconocimiento mediante juicio, en aquellos casos de situaciones reales en los cuales el padre ejerciendo un derecho pretende cumplir a su vez con su deber de progenitor

 

            El procedimiento que debe desarrollarse para tal efecto está regulado en el Código Procesal Civil, en los artículos 819 y siguientes, y es tenido, en principio, como una actividad judicial no contenciosa; esto significa que es un proceso en donde no existe contención de partes o intereses opuestos, por lo menos en principio, tal y como se verá.

 

            No debe caerse en confusión por el hecho que actualmente el artículo 85 del Código de Familia señale que son los artículos 796 y siguientes del Código Procesal Civil los que regulan este proceso. La explicación es muy sencilla. El artículo 85 referido fue reformado la última vez mediante Ley N° 7538, el 22 de agosto de 1995, pero mediante Ley N° 7643, del 17 de octubre de 1996, se corrió la numeración del Código Procesal Civil en 23 artículos a partir del artículo 760. Por eso es que actualmente el reconocimiento de hijo de mujer casada se tramita por lo dispuesto en los artículos 819 y siguientes del Código Procesal Civil.

 

            En el proceso deben intervenir los cónyuges que figuren como padre y madre en el Registro Civil. En la práctica lo que usa con mucha frecuencia, si no hay oposición de estos, y si ambos están de acuerdo, es adjuntar con el escrito inicial, un escrito adicional en que tanto el marido como la esposa se dan por enterados de las diligencias que el padre registral está promoviendo y se dan por notificados, manifestando que no se oponen a las mismas. Lo anterior es simplemente una práctica de litigantes y no debe entenderse que es un requisito presentar el escrito de los cónyuges en los términos dichos toda vez que, en todo caso, a estos deben necesariamente notificárseles las diligencias para que manifiesten su oposición o su conformidad. La costumbre dicha lo único que haría es abreviar el desarrollo de las diligencias de reconocimiento.

 

Ahora bien, si alguno o ambos cónyuges no pueden ser habidos para notificarles la audiencia de rigor, o bien, si son desconocidos o se ignora su paradero, puede notificárseles mediante un edicto o aviso en el Boletín Judicial. Resulta curioso en este punto que el Código de Familia no establezca cuál es el plazo que tienen los padres registrales para apersonarse al proceso una vez publicado el edicto en el Boletín Judicial. Debe entenderse entonces que es hasta antes de que se dicte sentencia.

 

            También debe intervenir en el proceso el albacea del padre o madre registrales, si alguno de estos hubiese fallecido; en igual forma, si el hijo a reconocer es menor de edad, debe dársele audiencia al PANI; finalmente si el hijo es mayor de edad, este también debe intervenir en el proceso.

 

Si en el transcurso del proceso surgiera oposición de cualquiera de las partes que intervienen en este, se suspenden las diligencias y se remiten las partes al proceso especial previsto por el Código de Familia en el artículo 98 bis.

 

            Si no hubiera oposición y el Juez tiene por demostrados todos los aspectos de los que se ha venido haciendo referencia, se aprueba el reconocimiento y se envía a inscribir ante el Registro Civil la ejecutoria de la sentencia respectiva.

 

            La tercera forma de establecer la filiación por esta vía es realizar un reconocimiento por testamento artículo 89-. Para tales efectos, el que desea reconocer al hijo debe confeccionar un testamento y estipular en este que instituye como heredero o legatario a su hijo “X”.

 

            El Tribunal II Civil, Sección II, mediante la sentencia Nº 199, de las 14:25 hrs. del 24/5/2001, estableció:

 

El testamento suele ser definido como un negocio jurídico en virtud del cual una persona dispone para después de su muerte de todos sus bienes o de parte de ellos. Es decir, constituye un negocio jurídico traslativo de dominio a título mortis causa. Desde ese punto de vista se puede afirmar que las declaraciones de última voluntad que en él se consignan son netamente de contenido patrimonial. Sin embargo se admite, aún en nuestra legislación, que en él se incluyan también declaraciones de última voluntad sin ese contenido patrimonial, tal y como sucede cuando el testador al hacer el otorgamiento efectúa el reconocimiento de un hijo.”

 

            Vale la pena citar en este punto algunas disposiciones que el Código Civil establece respecto de los testamentos:

 

“Artículo 583.-

Puede otorgarse testamento abierto:

1.- Ante un cartulario y tres testigos; pero si el mismo testador escribe el testamento, bastan dos testigos y el cartulario.

2.- Ante cuatro testigos sin cartulario, si el testador lo escribe; o antes seis testigos, si el testador no lo escribe.

 

     Artículo 587.

El testamento cerrado puede no ser escrito por el testador, pero debe estar firmado por él. Lo presentará en un sobre cerrado al notario público, quien extenderá una escritura en la cual hará constar que el testamento le fue presentado por el mismo testador sus declaraciones sobre el número de hojas que contiene, si está inscrito y firmado por él, y si tienen algún borrón, enmienda, entrerrenglonada o nota.

En el sobre, el notario consignará una razón indicadora de que contiene el testamento de quien lo presenta, el lugar, la hora y la fecha de otorgamiento de la escritura, así como el número, el tomo y la página del protocolo donde costa. El notario tomará las providencias necesarias para asegurar que el sobre esté cerrado de tal modo que se garantice su inviolabilidad. Tanto la escritura como la razón deben ser firmadas por el testador, el notario y dos testigos instrumentales. Concluida la diligencia, se devolverá el testamento al testador.

Quienes no sepan leer ni escribir no pueden hacer testamento cerrado.”

           

Ya se dijo que el reconocimiento hecho por la vía testamentaria no puede ser objetado por la madre del reconocido; además, si el testamento luego es revocado, el reconocimiento no pierde su fuerza legal artículo 89-.

 

            Establecidas ya las tres formas de reconocer un hijo es importante señalar que el reconocimiento, una vez que este ha operado, es irrevocable artículo 87-; es decir, no se puede reconocer a un hijo y luego “desconocerlo”, ya que la filiación quedará establecida definitivamente, salvo que el reconocimiento sea impugnado, a lo cual luego se hará referencia. Debe anotarse también que los herederos de quien reconoce no pueden oponerse a ello y que si el hijo que se va a reconocer ya es mayor de edad, debe contarse con su consentimiento artículo 88-. Otro aspecto relevante de mencionar es que no se puede reconocer a una persona que tiene una filiación establecida por la posesión notoria de estado artículo 90-.

 

            Finalmente se analizará la impugnación de reconocimiento, que es la forma de desvirtuar un reconocimiento que se ha hecho fraudulentamente o por error.

 

            Al respecto el Código Procesal Civil establece que tal acción debe realizarse a través de un proceso abreviado:

 

“Artículo 420.- Asuntos sujetos a este trámite.

Cualquiera que sea su cuantía, las siguientes pretensiones se tramitarán y decidirán el proceso abreviado: (...)

3) La impugnación de la paternidad e impugnación de reconocimiento (...)”

 

No obstante lo anterior, No hay que olvidar que actualmente hay que acudir al proceso especial previsto por el artículo 98 bis del Código de Familia.

 

La legitimación activa para hacer la impugnación referida la tienen el reconocido o cualquier persona que tenga un interés en ello, como podría ser un heredero de quien reconoció o el mismo padre que hizo el reconocimiento, siempre y cuando, según se verá, haya habido falsedad o error. En este punto, la Sala II Nº 262, de las 10:10 hrs. del 29/10/1997- ha resuelto:

 

Debe determinarse si, el actor, de conformidad con la legislación vigente, se encuentra en los supuestos previstos para poder impugnar la paternidad del niño, por él libremente reconocido. En ese sentido, el artículo 86 del Código de Familia contempla la posibilidad, en favor del reconocido o de quien tenga interés, de impugnar el reconocimiento, pero solo en aquellos casos en los que ha mediado, directamente, falsedad o error en la voluntad de quien lo hizo. A pesar de que el numeral 87 ibídem, establece que ese acto es irrevocable, la jurisprudencia ha señalado, de manera reiterada, que su autor también puede ejercer la acción impugnativa a la que hace referencia el artículo 87 citado; aunque si bien, no de manera unilateral y privada, sino por medio de un proceso judicial. Ahora bien, para que una petitoria en ese sentido sea atendible, resulta indispensable que existan razones específicas y fundadas; en concreto, la falsedad o el error respecto del reconocimiento realizado. En este asunto, las invocadas en la demanda, que responden, únicamente, al deseo o la mera voluntad del accionante, no pueden tener tal virtud. El recurrente reclamó (...) que había reconocido al niño debido a un error basado en la confianza y en el amor que para entonces lo unía a la madre (...) Ese alegato no es válido para poder declarar con lugar la impugnación, toda vez que (...) él tenía la plena certeza de que ese niño, por nacer, no era su hijo y, aun en esas circunstancias, libremente, decidió reconocerlo como suyo; razón por la cual, no pudo mediar error alguno que viciara su voluntad, y, tampoco existió falsedad, en ese libre reconocimiento, pues en ningún momento se le pretendió hacer creer que el niño había sido engendrado por él. Acceder a la impugnación en un caso como este, implicaría dejar en un estado de grave inseguridad jurídica sobre todo al infante.”

 

            En este aspecto se discrepa del respetable criterio de los Señores Magistrados. Obsérvese con detenimiento que el Código de Familia dispone:

 

“Artículo 86.- El reconocimiento podrá ser impugnado por el reconocido o por quien tenga interés, cuando ha sido hecho mediante falsedad o error (...)”

 

            Es decir, que el reconocimiento puede impugnarse por el propio reconocido o por quien tenga interés, siempre que se haya realizado por falsedad o por error. De la redacción de esa norma no se excluye que el propio autor del reconocimiento pueda, mediante un proceso en sede jurisdiccional, impugnar tal reconocimiento, siempre y cuando logre probar que este se hizo mediando falsedad o error. Hay ocasiones en que una persona reconoce a un niño, que sabe que no es su hijo, por intereses ajenos a la filiación propiamente y que surgen entre la madre del reconocido y el varón que con ella comparte su vida. A veces, incluso, lo anterior se constituye en una condición para la convivencia o en una forma para conquistar al compañero; incluso muchos hombres actúan así como un acto de desprendimiento o generosidad para con su compañera y su hijo, brindándole a este un apellido y una tutela jurídica de la cual carece, lo cual no es nada reprochable.

 

            La adopción podría solucionar estas situaciones, toda vez que por medio de esta se instituye de manera definitiva una filiación legal; pero se considera que el reconocimiento no reúne tal característica, por cuanto afecta principios fundamentales. En este sentido, si un reconocimiento no se ajusta a la verdad, bien sea por un error o porque haya mediado falsedad, y un hombre reconoce a una criatura, sin que esta sea su hijo, aun cuando se tenga pleno conocimiento de ello, se considera que no existe ninguna razón para perpetuar ese vicio en la voluntad, dándole sostenimiento jurídico a una situación por demás ajena a la realidad. Claro está que el espíritu de la norma es mantener el reconocimiento y la filiación derivada de este, cuando ello corresponde a la verdad real, pero no pareciera que tal cosa no debe ser cuando ese reconocimiento fue falso o medió error, aunque el que reconoció al hijo que no era suyo estuviera consciente de tal situación.

 

De establecerse un criterio contrario, el tercero que reconoce al niño a sabiendas que él no lo engendró, estaría ante una conducta delictiva, al igual que lo estaría –por complicidad- la madre que consienta en el reconocimiento. Hay señalar que el artículo 182 del Código Penal sanciona con prisión de tres a ocho años, a quien haga insertar, en un acta de nacimiento, hechos falsos que alteren los datos civiles o la filiación de una persona recién nacida. El delito en tal caso sería de carácter doloso, por cuanto la conducta es delictiva con el solo conocimiento de que el niño que se reconoce no es hijo biológico. Podría haber una atenuación de la conducta si el reconocimiento se hizo "con el fin de amparar al menor", pero seguiría siendo delito.

 

            Un elemento más para tomar en cuenta en la discrepancia con el criterio de la Sala se origina en el derecho de toda persona a saber quiénes son sus padres artículo 53 de la Constitución Política, 7 de la Convención Americana de los Derechos del Niño y 91 del Código de Familia-:

 

            La Constitución Política dispone:

 

Artículo 53.- Los padres tienen con sus hijos habidos fuera del matrimonio las mismas obligaciones que con los nacidos en él.

Toda persona tiene derecho a saber quiénes son sus padres, conforme a la ley.”

 

            Por su parte, la Convención Americana de los Derechos del Niño estipula:

 

“Artículo 7. El niño será inscrito inmediatamente después de su nacimiento y tendrá derecho desde que nace a un nombre, a adquirir una nacionalidad y, en la medida de lo posible, a conocer a sus padres y a ser cuidado por ellos.”

 

            Finalmente, el Código de Familia establece:

 

“Artículo 91.- Es permitido al hijo y a sus descendientes investigar la paternidad y la maternidad.”

 

            En este sentido, de la lectura de esas normas pareciera que sostener que el reconocimiento debe mantenerse aun cuando el padre haya incurrido en falsedad o error, sería perpetuar una situación contraria a la paternidad biológica y se considera que resultaría contrario al espíritu de esas normas.

 

            Es necesario demostrar al Juez que hubo falsedad o error al momento de reconocer. Es decir, debe demostrarse que el reconocimiento se hizo porque se indujo en un error a la persona que reconoció, haciéndole creer que el reconocido era hijo suyo, cuando la realidad era otra; o, en su defecto, que quien reconoció lo hizo con otro propósito distinto al de establecer una filiación con su hijo. Este último caso podría darse si, por ejemplo, un extranjero, con el propósito de obtener la cédula de residencia costarricense, reconoce una persona que no es hijo suyo; aquí habría un fraude evidente, lo cual sería causa suficiente para impugnar esa filiación establecida por ese medio. También podría ser el caso de un reconocimiento para evitar el trámite de una adopción.

 

            Hasta el mes de enero del 2002, tratándose del hijo reconocido, este tenía un plazo de dos años para impugnar el reconocimiento, contado desde que cumplió la mayoría de edad, si es que se dio cuenta cuando aún era menor de edad de la falsedad o el error en su reconocimiento. Si se dio cuenta siendo mayor, o en su defecto, si fue reconocido siendo mayor, el plazo de los dos años corría a partir del momento en que tuvo conocimiento de los hechos que le hacían presumir el error o la falsedad en lo actuado por el padre que lo reconoció. Esta disposición estaba contenida en el antiguo párrafo segundo del artículo 86. No obstante, este párrafo fue declarado inconstitucional por el voto Nº 151-2002, aclarado por el voto Nº 1752-2002, ambos de la Sala Constitucional. De esta forma, con posterioridad a enero del 2002, los hijos podían impugnar sus reconocimientos en cualquier momento, siempre y cuando, se reitera, hubiera habido falsedad o error en el mismo. Luego la misma Sala Constitucional, mediante el voto 6813-2008 interpretó que el artículo 86, párrafo segundo, del Código de Familia es inconstitucional, al establecer un plazo de caducidad de la pretensión de impugnación de paternidad –hasta que el menor adquiera la mayoridad- diferente al establecido en el artículo 73 de ese mismo cuerpo normativo –un año a partir del momento en que tuvo conocimiento de los hechos que le sirven de fundamento para la impugnación existiendo posesión notoria de estado-. En consecuencia, el plazo de caducidad para que un tercero interesado impugne el reconocimiento de los hijos extramatrimoniales que estuvieren en posesión notoria de estado, será el establecido en el artículo 73, párrafo segundo, del Código de Familia.

 

            Tratándose de terceros interesados, estos pueden, entonces, impugnar ya no solo el reconocimiento mientras el reconocido fuera menor de edad, sino que tendrán un año a partir del momento en que tuvo conocimiento de los hechos que le sirven de fundamento para la impugnación, existiendo posesión notoria de estado.

 

            Nota importante: Mediante la Ley N° 8101 –del 16 de abril del 2001- se aprobó un proyecto de ley denominado “LEY DE PATERNIDAD RESPONSABLE”, al cual se le asignó el expediente N° 14.064, que vino a modificar varios aspectos mencionados acerca de la filiación, por lo que se hará un resumen de sus principales aspectos.

 

Esta ley reformó el artículo 54 de la Ley Orgánica del Tribunal Supremo de Elecciones y del Registro Civil, de forma tal que en adelante, a la hora de inscribir el nacimiento de un hijo o hija extramatrimonial, se consigna la paternidad y maternidad de este cuando la declaración la hacen las dos personas que se atribuyen la calidad de progenitores y la firman.

 

            De no estar presente el padre a la hora de la inscripción del nacimiento, la madre, previa información de las disposiciones normativas respecto de la declaración e inscripción de la paternidad y de las características de certeza de la prueba de ADN, puede firmar la declaración e indicar el nombre del presunto padre.

 

En ese momento, la criatura quedará inscrita solo con los apellidos de su madre, pero el presunto padre será notificado, para que en un plazo de diez días se manifieste al respecto, con la prevención que si no se opone al señalamiento de paternidad ello equivale al reconocimiento administrativo de la filiación. De oponerse, se le dará una sola cita para realizarse un estudio comparativo de marcadores genéticos, ante los laboratorios judiciales o los acreditados debidamente por la Corte Suprema de Justicia, para establecer de manera definitiva si la filiación señalada es cierta. Si no se apersona o se niega a practicarse la prueba genética, se aplica la presunción de paternidad y ello da lugar a la declaratoria administrativa y se inscribe el menor con los apellidos de ambos progenitores, derivándose de eso las obligaciones legales propias de la paternidad.

 

            Si la declaración administrativa de paternidad se inscribe sin que se hiciera el estudio de marcadores genéticos, el padre o sus sucesores pueden tramitar judicialmente un proceso de impugnación de la paternidad declarada administrativamente, sin que eso suspenda el trámite de inscripción del menor.

 

La notificación que haga al padre el Registro Civil se debe ajustar a lo dispuesto por la Ley de notificaciones, citaciones y otras comunicaciones Nº 7637-, y puede apoyarse en el sistema judicial existente para cumplir ese trámite.

 

La ley igualmente reformó los artículos 96 y 156 del Código de Familia. En cuanto al artículo 96, en adelante, cuando un tribunal acoja la declaración de paternidad podrá en la sentencia condenar al padre a rembolsar a la madre los gastos de embarazo, maternidad y alimentación de criatura durante los doce meses posteriores al nacimiento y no durante los tres meses que antes se estipulaba. Al respecto ya se pronunció el Tribunal de Familia en la sentencia Nº 1710, de las 8:00 hrs. del 24/11/2003, señalando:

 

“Es unánime la opinión de la doctrina, en cuanto a la imprescriptibilidad del derecho a pedir alimentos. Este derecho tiene un matiz público que lo aleja del poder dispositivo, típico de la autonomía privada, por lo que la ley, artículo 154 del Código de Familia, dispone que no es un derecho renunciable, no es transmisible, ni se puede compensar una deuda de alimentos. Como estamos ante un derecho no patrimonial, no lo afecta la prescripción. Sin embargo, debe quedar claro, que lo que no es susceptible de prescripción, es el derecho de pedir alimentos, porque ese derecho no está en el comercio de los hombres, pero debe distinguirse el derecho a reclamar las pensiones ya devengadas, porque estas, como todo otro derecho patrimonial, sí es susceptible de extinción, por el transcurso del tiempo. El artículo 159 del Código de Familia, establece la posibilidad de cobrar alimentos atrasados, pero solo en los doce meses anteriores a la demanda, y si se comprueba que el alimentario ha tenido que contraer deudas para vivir. El contenido de este artículo nos hace concluir que, las deudas por alimentos anteriores al año de la presentación de la demanda, no es posible cobrarlas; teniendo esto fundamento en la naturaleza de la obligación. Sin embargo, el artículo 159 de Código de Familia, deja a salvo de falta de derecho para cobrar alimentos, los casos a que se refiere el artículo 96 del mismo cuerpo de leyes, que es el que considera mal aplicado el recurrente. No puede interpretarse que la salvedad que hace el artículo 159 antes citado, refiriéndose al artículo 96 del mismo cuerpo de leyes, declara imprescriptible el derecho a pedir los gastos de maternidad y los alimentos de los tres meses posteriores al alumbramiento. De considerarlo así, estaríamos violentando los artículos 865 y 868 del Código Civil, que plasman en nuestro ordenamiento civil, el unánime criterio doctrinal de que, salvo las excepciones de ley, todo derecho y su correspondiente acción, se extinguen por el transcurso del plazo en el que se opera la prescripción negativa. Sobre este tema, no debe olvidarse que, la irrenunciabilidad y la imprescriptibilidad del derecho de pedir alimentos, tiene su fundamento en la necesidad de toda persona de vivir decorosamente, en su minoridad o ante cualquier incapacidad para obtenerlos, de ahí surge la obligación de los parientes u otra persona obligada por alguna circunstancia, a proveerlos cabal y cumplidamente. Pero esta obligación consiste en dar los alimentos actuales, o como lo indica nuestro Código de Familia, se extiende a los doce meses anteriores, salvo la excepción del artículo 69. Los otros alimentos que correspondan o hayan correspondido a otras etapas de la vida del alimentario, se extinguen con el transcurso del tiempo.”

 

Se introdujo también, en la referida Ley Nº 8101, un aspecto nuevo y es que a esos rubros se les aplicará la prescripción decenal, lo que significa que si pasan más de diez años desde el nacimiento, la paternidad puede aun establecerse, pero no pueden cobrarse los gastos del año siguiente al nacimiento. Subsistirá en adelante, claro está, la obligación alimentaria pura y simple derivada de la paternidad. Se dispuso además que en todo caso, una vez declarada la paternidad, la obligación alimentaria del padre respecto al hijo se retrotrae a la fecha de presentación de la demanda y se liquida en el proceso alimentario correspondiente mediante del trámite de ejecución de sentencia, lo cual constituyó también un asunto innovador. El pago de estas pensiones retroactivas queda garantizado con la facultad que se le da al Juez de Pensiones Alimentarias para que al dar curso al proceso decrete embargo de bienes contra el demandado por un monto prudencial que cubra los derechos de las personas beneficiarias. Dicho embargo no requiere depósito previo ni garantía de ningún tipo.

 

El pago retroactivo de estos alimentos puede ordenarse incluso si la parte no lo ha solicitado, por cuanto el aspecto alimentario se considera una consecuencia natural de la filiación. Así lo estableció la Sala II en la sentencia Nº 125, de las 10:35 hrs. del 15/2/2008:

 

“El recurrente considera que se incurrió en el vicio de incongruencia al condenársele a pagar alimentos en forma retroactiva a la fecha de presentación de la demanda, a pesar de que tal cuestión no formó parte de la petitoria de la demandante. No obstante, debe indicarse que esta Sala ha señalado, en forma reiterada, que no se incurre en ese vicio cuando el pronunciamiento resulte ser una consecuencia de lo pretendido, como en el caso resulta ser el relacionado con los alimentos, el cual encuentra sustento en el artículo 96 del Código de Familia que, en lo que interesa, establece (...) Esta norma hace posible un pronunciamiento oficioso en lo tocante a los alimentos, que deviene de la declaratoria de paternidad, sin que entonces se incurra en el vicio procesal apuntado. Lo dispuesto sobre alimentos constituye una consecuencia lógica y natural, derivada de la declaración de paternidad realizada y así lo ha dispuesto la Sala en reiteradas sentencias. (...) En el caso concreto, el proceso es de declaración de paternidad, declarada la cual se generan consecuencias que surgen necesariamente de tal declaratoria, como el derecho del niño a llevar los apellidos de su progenitor, de ser alimentado por él y de sucederlo ab intestato. Lo anterior es así, aún cuando se haya omitido incluir en la demanda una pretensión específica a su respecto... Ese otorgamiento tuvo como sustento jurídico, el contenido del numeral 96 del Código de Familia vigente para la época del nacimiento del niño, el cual establecía:... Está claro que la norma faculta a los jueces a realizar dicha condenatoria aún cuando no se haya incluido ninguna pretensión a su respecto. Lo anterior, deviene en una consecuencia, precisamente, de la declaratoria de paternidad. Por esa razón no se ha incurrido en la incongruencia del fallo prevista como un motivo de casación por razones procesales (...)”

 

En lo que respecta al artículo 156, se dispone que no ejerza la patria potestad el padre o la madre cuya negativa a reconocer a su hijo haga necesaria la declaración administrativa o judicial de filiación. Posteriormente, el Tribunal puede decidir lo contrario, según la conveniencia del menor.

 

Al artículo 98 del Código de Familia, que actualmente regula lo pertinente a las pruebas científicas dentro de los procesos de investigación o impugnación de paternidad o maternidad, la ley le adiciona un artículo 98 bis, el cual viene a regular los siguientes aspectos de orden procesal:

 

* En el escrito de la demanda se indicarán necesariamente:

 

1.- Los nombres y calidades de ambas partes.

 

2.- Los hechos que sirven de fundamento.

 

3.- Las normas que respaldan lo pretendido.

 

4.- La pretensión propiamente.

 

5.- El ofrecimiento de las pruebas, indicando, en su caso, el nombre y las calidades de los testigos.

 

6.- Lugar para recibir notificaciones.

 

* De ser defectuosa la demanda, el Juez ordenará al actor su corrección, en el plazo de tres días, puntualizando los requisitos omitidos o no llenados como es debido. Igual sucederá en el caso que la parte demandada, dentro de los tres primeros días del emplazamiento, señale algún defecto legal que el Juez halle procedente. En ambos casos, la resolución carecerá de recurso. De no cumplirse lo prevenido se declara inadmisible la demanda y se archiva.

 

* Para el emplazamiento se conceden diez días al demandado.

 

* En caso de incompetencia, el órgano jurisdiccional lo declara de oficio y remite el expediente a la instancia a quien le corresponda conocer el caso.

 

* La competencia se le otorga al órgano con jurisdicción sobre asuntos familiares del domicilio de la parte demandada o de la parte actora[2], a elección de esta última y sin posibilidad de prórroga.

 

* El Organismo de Investigación Judicial es citado en la misma resolución en que se curse la demanda, para que fije la fecha en que ha de practicarse la prueba científica sobre la paternidad o maternidad en discusión.

 

* Dentro de los treinta días siguientes a la contestación de la demanda se confiere audiencia para la recepción de pruebas, lo cual no se suspende por la interposición de incidentes, recursos o gestiones de naturaleza similar, los cuales se reservan para el inicio de la audiencia y se resuelven en esa oportunidad.

 

* La totalidad de la prueba debe evacuarse en la audiencia y solo cuando es muy abundante pueden fijarse audiencias sucesivas. Concluida la audiencia, se le da la palabra a las partes y a su representación legal para formular conclusiones.

 

* Si concluida la audiencia oral existe prueba científica pendiente de evacuar, se espera su resultado y al llegar este se pone en conocimiento de las partes, por tres días, para que formulen las observaciones pertinentes.

 

* Concluido todo lo anterior, se señala la hora de ese día para la lectura de la parte dispositiva de la sentencia, salvo en casos de gran complejidad, en los cuales se autoriza al juzgado para dictarla al día siguiente. La notificación de la sentencia íntegra se debe realizar en un plazo máximo de cinco días.

 

* La sentencia puede apelarse dentro del tercer día y, en su caso, la sentencia de segunda instancia admite el recurso de casación previsto para la materia de familia. Lo resuelto en firme en los procesos en los que se discuta la filiación, produce los efectos de la cosa juzgada material, imposibilitándose, por lo tanto, su discusión en otra vía[3].

 

            Volvamos ahora a las actuales disposiciones del Código de Familia.




[1] V.gr. Jean Carbonnier, "Derecho Civil", tomo I, volumen II, 1961 p. 285.; Alberto Brenes Córdoba, op. cit., p. 189.

[2] La Sala Constitucional mediante voto N° 11098-2009, estableció que tal aspecto no es inconstitucional siempre y cuando se interprete que la referencia a “… la posibilidad del actor de fijar la competencia es válida en tanto este represente los intereses del menor de edad de conformidad con lo expuesto en el último considerando de la sentencia”.

[3] La Sala Constitucional en el voto Nº 11158-2007 dispuso que lo dispuesto en este punto no resulta inconstitucional en el tanto se interprete que la sentencia vertida en un proceso de filiación con eficacia y autoridad de cosa juzgada admite el recurso extraordinario de revisión.

 

miércoles, 27 de enero de 2021

Platón y Aristóteles Filosofía del Derecho

 

Platón y Aristóteles

Filosofía del Derecho

Platón (427-347 a.n.e.)

Esquema de su pensamiento jurídico y político

El pensamiento de Platón se articula en torno a tres temas fundamentales: la concepción de la justicia, la función y el valor de las leyes y las formas de gobierno.

La concepción de la justicia

Constituye la justicia una preocupación central en Platón, hasta el punto de dedicar a ese problema uno de los principales y más extensos diálogos: la República. La justicia ejerce su función en la vida política, esto es, en la pólis o en la vida de convivencia.

La polis ideal que describe debe constituirse siguiendo el modelo natural del hombre concreto. Posee éste un alma que se diversifica en tres partes o se manifiesta impulsando tres diferentes tipos de operaciones:

  • La actividad racional (reside en la cabeza): que permite al hombre el conocimiento intelectual de las Ideas. Su actividad está presidida por la virtud de la phrónesis o prudencia.
  • La actividad irascible (pecho): que gobierna los impulsos y afectos. Su virtud característica es la andreía o fortaleza.
  • Una actividad concupiscible que atañe a las actividades vitales (vientre).

Tanto las actividades irascibles como las concupiscibles han de someterse en el hombre a la razón, siendo la virtud de la sophrosýne o templanza la que consigue tal sumisión.

Este cuadro de las virtudes humanas fundamentales –prudencia, fortaleza y templanza- se completa en Platón con la dikaiosýne o justicia, constituyendo así el grupo de las que la ética cristiana denominará “virtudes cardinales”. La función de la justicia en la vida del hombre estriba en procurar el equilibrio del sujeto.

La ciudad tiene para Platón la misma estructura trial:

  • La clase de los gobernadores o magistrados, que rigen la vida de la polis, es la “raza de oro” y se corresponde con la vida racional, siendo su virtud típica de la phrónesis o prudencia.
  • La “raza de plata” está integrada por los guerreros o defensores, cuya misión es proteger a la ciudad; su paralelo es la vida irascible y la virtud que en ellos impera es la andreía o fortaleza.
  • La “raza de bronce y hierro” la constituyen los artesanos, labradores, comerciantes y cuantos satisfacen las necesidades elementales de la ciudad; tanto este estamento como el de los guerreros están sometidos a la clase de los gobernantes, lográndose ello por la virtud de la sophrosýne o templanza.

También en la ciudad se hace presente la dikaiosýne o justicia, que tiene por objeto impulsar el desarrollo armónico de la polis.

En Platón hay una clara concepción colectivista, preconizando la sumisión del individuo a la sociedad, actitud más utópica que real. En los diálogos de la vejez rectifica no pocas de las pretensiones idealistas de la República.

Toda la filosofía platónica gira en torno a la doctrina del mundo de las Ideas. Para Platón, junto al mundo de las realidades que nos acompañan existe otro, el mundo de las Ideas; el primero lo conocemos por los sentidos, mientras que el segundo lo aprehendemos mediante la razón. La realidad radica en la Idea; quienes se conforman con el conocimiento que los sentidos les proporcionan –conocimiento de las cosas-; adquieren tan sólo una dóxa u opinión, mientras que los sabios o filósofos, que captan racionalmente las Ideas, adquieren epistéme, ciencia o conocimiento de lo verdadero.

Extrae Platón: quienes gobiernan la ciudad habrán de ser filósofos, pues son éstos los habituados a contemplar la realidad de la Ideas y podrán conocer el Bien, la Verdad y la Justicia para aplicarlas a la gobernación de la polis. No harán falta, por tanto, leyes.

El prudente realismo de su pensamiento último le lleva en la ancianidad a rectificar aquella tesis, sosteniendo en el Político la necesidad de que existan leyes positivas, que los gobernantes deberán formular inspirándose en las Ideas.

Igual postura mantiene en las Leyes, donde no sólo afirma la exigencia de leyes positivas, sino que expresa la necesidad de que los propios gobernantes se sometan a ellas.

Las formas de gobierno

En el libro VIII de la República describe Platón, no sólo las cinco posibles formas de gobierno, sino también los tipos humanos que respectivamente las encarnan: la aristocracia, la timocracia, la oligarquía, la democracia y la tiranía.

La forma más justa, perfecta y estable, la aristocracia, es el gobierno de los sabios previsto en la República para la ciudad ideal, un sistema en que el poder se ejerce providencialmente por un grupo selecto o minoría intelectual. El tipo humano del gobernante en este sistema es el hombre justo, pero entendida la justicia como un factor equilibrador de la persona. “Pero como todo lo que nace está sujeto a corrupción, tampoco este sistema perdurará eternamente, sino que se destruirá” por el error padecido por los gobernantes en cuanto a las uniones sexuales programadas para asegurar una procreación correcta, error que traerá consigo un desequilibrio social, en las generaciones sucesivas, y un acceso al gobierno de quienes no sean aptos para el.

A él sucede el gobierno de los guerreros, la timocracia o timarquía, caracterizada por el hombre en quien sobresale un “rasgo sumamente distintivo y debido a la preponderancia del elemento irascible: la ambición y el ansia de honores”, así como el afán de atesorar riquezas.

El tercer sistema es la oligarquía, es el gobierno basado en el censo, en el cual mandan los ricos, sin que el pobre tenga acceso al gobierno. El tránsito de la timocracia a la oligarquía se produce cuando “las personas ambiciosas y amigas de honores pasan a ser amantes del negocio y de la riqueza”, generándose la envidia y la torpe emulación entre unos y otros. El tipo de oligarca está marcado por la avaricia, que le lleva a poseer cada vez más a costa del empobrecimiento de los demás, siendo el resultado la división de la ciudad en dos partes: un pequeño grupo enriquecido y detentador del poder y una gran masa desposeída de casi todo y sometida a la oligarquía dominante.

La cuarta forma de gobierno, la democracia, es consecuencia inevitable de la oligarquía, pues la acumulación de riquezas por el grupo oligárquico torna a éste inclinado a la molicie y a los placeres, remiso al trabajo, debilitándose cada vez más de modo que llega un momento en que bastará un pequeño esfuerzo combinado de la mayoría sometida para derrocarle. La forma democrática tiene como característica más acusada la libertad. La democracia, a través de la libertad, conduce a la absoluta igualdad de todos. La democracia es “un régimen placentero, anárquico y vario que concede indistintamente una suerte de igualdad tanto a los que son iguales como a los que no lo son”.

Un régimen como el que Platón pinta no puede sostenerse, se corrompe y cae, provoca el más absoluto desorden y da paso a la tiranía. Su aparición obedece a los excesos de la democracia. El fin de la democracia está marcado por el signo de la licencia y del libertinaje. La tiranía representa al grado máximo de injusticia en la vida política.

De las formas de gobierno se habla también en el Político, ofreciendo un esquema estático que pretende explicar cómo son las diferentes “constituciones políticas”. Para esta descripción, maneja el filósofo dos criterios combinados: el del número de los que gobiernan y el de la sumisión o no a las leyes en el ejercicio del gobierno. Este segundo criterio es valorativo, lo que permite distinguir las formas “perfectas” -aquéllas en que se gobierna de conformidad con las leyes-, resultando seis formas de gobierno:

Perfectas: (sumisión a las leyes) Monarquía, cuando gobierna uno solo.

Aristocracia, si el gobierno es de unos cuantos.

Democracia, es el gobierno de la multitud.

Imperfectas: (no sumisión a las leyes) Tiranía.

Oligarquía.

Demagogia (en realidad, Platón no le da nombre)

Platón se inclina por considerar preferible el gobierno de uno que el de la multitud, entre las formas perfectas, es la mejor la monarquía, después la aristocracia y, por último, la democracia; en las formas corruptas, es preferible el gobierno de uno, allí donde no se respetan las leyes y la justicia ese gobierno resulta el más aborrecible y perverso, así, la forma menos mala es la demagogia, después la oligarquía y, como la más repudiable, la tiranía.

Opta por una séptima forma, la forma mixta de gobierno, un sistema de mutuas compensaciones entre las tres formas perfectas.

Aristóteles (384-322 a.n.e.)

Esquema de su pensamiento jurídico y político

Cuatro son los más importantes temas de la filosofía jurídica y política de Aristóteles: el problema de la justicia, la equidad, su concepción de la pólis y de las formas de gobierno, y el valor de las leyes positivas y su función en la vida política.

La justicia y sus clases

Para Aristóteles es una virtud. Su estudio lo realiza en los tratados éticos, concretamente en la Ética a Nicómaco.

Se entiende por bien “aquello a que todas las cosas tienden”; el hombre se inclinará hacia sus propios bienes. No todos son de idéntico rango: hay bienes imperfectos y un bien sumo que es la felicidad. La consecución de la felicidad se alcanza por las virtudes, que son los hábitos que nos inclinan a obrar para el logro de aquélla. Las virtudes son de dos clases: intelectuales o dianoéticas y morales o éticas. La diferencia está en que las primeras se dan en la esfera de la razón y son susceptibles de adquirirse por el aprendizaje, las otras pertenecen al área de la voluntad y se adquieren por la práctica.

Toda virtud la configura Aristóteles como el término medio entre dos excesos contrapuestos. Considera la justicia como la virtud por excelencia. La esencia de la misma estriba en buscar siempre ese equilibrio o “término medio” en que toda virtud consiste. Tenemos un primer concepto aristotélico de la justicia: la expresión y compendio de todas las virtudes.

Junto a esta justicia general hay también una justicia particular, una virtud concreta, se trata de una virtud que necesariamente se da y ejercita entre hombres.

El objetivo último de la justicia es la igualdad; pero perseguir un tratamiento idéntico en todos los casos podría conducir, en algunas situaciones, a resultados paradójicamente injustos, pues la auténtica justicia aconseja tratar desigualmente los casos desiguales. Ello da pie a Aristóteles para distinguir dos clases de justicia: distributiva y correctiva o sinalagmática.

Con arreglo a la justicia distributiva se reparten o distribuyen los honores, los bienes y cualquier otro elemento del bien común del que hayan de participar los ciudadanos, dando más a quien más méritos ostente y menos a quienes menos méritos tenga; el criterio que aquí impera es el de la proporcionalidad o, como dice Aristóteles, una proporción geométrica.

La justicia correctiva o sinalagmática está presidida por la razón de la estricta igualdad (proporción aritmética) desentendiéndose de la condición de las personas para atender sólo al valor de las cosas; es la justicia que debe darse en las relaciones contractuales y, en general, en las relaciones entre particulares, a diferencia de la anterior, que ordena las relaciones entre la comunidad y sus miembros.

La justicia correctiva se subdivide en conmutativa y judicial. La conmutativa se da cuando la igualdad viene establecida por la voluntad de las partes; pero hay ocasiones en que éstas no puede, o no quieren, establecer la igualdad, que es impuesta por el juez, llamándose entonces justicia judicial.

Aristóteles ofrece una nueva división de la justicia, distinguiendo entre lo justo natural y lo justo legal o convencional. Es justo natural aquello que en todas partes es reputado por tal con independencia de la voluntad humana, es justo legal lo que resulta de justicia porque así lo establece la ley humana y puede variar de unos lugares a otros y puede cambiar en el tiempo cuando cambie la ley que lo regule.

La equidad

Las leyes se dictan siempre con carácter general, previendo las cosas que ordinariamente se presentan en la realidad, por lo que no puede tener en cuenta el caso concreto que tal vez, por sus especiales circunstancias, resulte singular; cuando así suceda, la aplicación del mismo de la ley general, sin modulación ni adecuación a esas circunstancias, podría producir un resultado injusto. Para evitarlo, el juez debe aplicar la ley con equidad, teniendo en cuenta las peculiaridades propias del caso.

La epiéikeia no es, en Aristóteles, un elemento corrector de la ley, sino integrador de la misma, completándola en el momento de su aplicación al caso concreto mediante su adaptación a las circunstancias del supuesto de hecho.

Concepción política

En el análisis del Estado, Aristóteles se interesa por el proceso de su formación, proceso que reconoce como inicio el instinto de sociabilidad que lleva al hombre a unirse con sus semejantes. Las sociedades o manifestaciones de la convivencia humana no son construcciones artificiales, sino instituciones naturales en cuanto que son fruto de aquel instinto o tendencia.

Toda ciudad, es decir todo Estado, es una comunidad; pero como la comunidad se constituye para alcanzar un bien, es lógico que la pólis, comunidad suprema, tenga por fin lograr el bien supremo del hombre, su felicidad máxima o conseguir las condiciones que le permitan “vivir bien”.

5. Formas de gobierno. Examen debe estar constituido o por un solo gobernante, o por unos pocos o por el conjunto de los ciudadanos. En el caso en que el gobernante único, o los poco o los muchos gobiernen atendiendo a los intereses comunes, estas formas serán justas, mientras que serán formas injustas aquéllas en que se gobierne con la mira puesta en el interés privado de uno, de pocos o de muchos”. Las formas justas o puras las denomina: monarquía, gobierno de uno; aristocracia, el gobierno está encomendado a un grupo; y politeia (“república), gobierno atribuido a la masa de ciudadanos. Las formas impuras son sendas desviaciones de las anteriores: tiranía, oligarquía y democracia, término que equivale a lo que nosotros denominamos demagogia. La corrupción viene del hecho de desatender los intereses generales para aprovechar el gobierno en beneficio de quienes lo ejercen: “la tiranía es una monarquía en que se gobierna a favor del monarca; la oligarquía es un gobierno que atiende a los intereses de los ricos y la democracia está orientada a los intereses de los pobres; y ninguna de estas formas de gobierno a favor de los intereses de la comunidad”.

Al igual que Platón, se inclina por una forma mixta de gobierno. Esta forma mixta tiene en Aristóteles un claro sentido socio-económico y se basa en un acusado pragmatismo. La comunidad política gobernada por la clase media es la mejor y están bien gobernados aquellos Estados en que la clase media es numerosa y más fuerte que las otras dos.

Las leyes positivas

Gobernar bien consiste en atender al interés general y no al particular de quien ejerce el poder. Las leyes cuando sean justas guiarán las acciones de gobierno. Todos, y también el gobernante, están sometidos al imperio de la ley.

Las leyes, por su carácter general, no pueden resolver los casos particulares; para esos supuestos, el gobernante debe hacer una aplicación de la ley, pero acomodándose al espíritu manifestado en la norma general, de suerte que el arbitrio judicial queda limitado a la consideración de los casos particulares.

La afirmación de la soberanía de la ley es la proclamación del “Estado de Derecho”, un Estado en el que los ciudadanos están a cubierto de acciones incontroladas del poder por la vía de la arbitrariedad y donde queda garantizada la seguridad jurídica de todos.

 

miércoles, 20 de enero de 2021

El nacimiento de la filosofía del Derecho

El nacimiento de la filosofía del Derecho

La Filosofía del Derecho es una reflexión sobre cuestiones jurídicas con la intención de hallarles una explicación razonada y razonable, porque de ella se posee un confuso conocimiento previo. Es pasar de la opinión al conocimiento (como decía Platón: la simple opinión es un término medio entre el saber y la ignorancia). Mientras no se cuestionan las opiniones y las creencias y no se adopta una actitud crítica, no aparece el logos, es decir, la filosofía, que se presenta como una reflexión sólida que tiene su fundamento en una argumentación racional crítica.

La filosofía del Derecho aparece con los sofistas griegos, que comenzaron a distinguir entre lo justo natural y lo justo legal (aunque como término es más reciente). Las leyes reflejan lo que le conviene al más fuerte (Trasimaco). Las leyes son utilizadas por una mayoría gris para dominar a los más fuertes (Calicles), dos opiniones contrapuestas de pareceres.

En contraposición, Platón cree en la existencia etérea de un ideal de justicia, al que sólo tienen acceso los filósofos, por eso solamente los filósofos pueden dictar leyes.

Aristóteles, menos idealista que su maestro, hace distinción entre lo justo natural y lo justo legal, y dice que lo primero es justo siempre, mientras que lo justo legal es la adaptación a cada mentalidad y cultura , y una vez ínsito en la norma, el actuar contrariamente a ella , no es indiferente, sino contra la Ley.

La Patrística, utilizó la reflexión filosófica para dotar al dogma (verdad no racional sino revelada) de un cuerpo doctrinal filosófico con que poder argumentar las objeciones intelectualistas.

Tras San Agustín surge la filosofía escolástica.

La elaboración filosófica medieval del Derecho Natural, aunque no se la pueda considerar como Filosofía del derecho, tal como actualmente la conocemos, sí puede decirse que es una verdadera Filosofía sobre el Derecho, que se apoya en la Teología cristiana. El iusnaturalismo, por algunos no aceptado como Filosofía del Derecho, es todo un tratado de axiología jurídica porque establece una legalidad superior que es modelo, fundamento y justificación del derecho positivo humano.

Durante el paso del siglo XVIII al XIX el término Derecho Natural va paulatinamente siendo sustituido por el de Filosofía del Derecho, porque comienza a darse una nueva metodología en la reflexión filosófica del derecho.

Ciencia jurídica, actividad jurisprudencial y filosofía del Derecho

El Derecho nace con voluntad de vigencia en nuestra sociedad y requiere una actitud de constante atención crítica.

Los tres diferentes medios de acceder al conocimiento del Derecho son el científico, el práctico y el reflexivo o filosófico.

Ciencia Jurídica y Teoría General del Derecho

La Ciencia del Derecho, aunque utiliza materiales empíricos y los estudia con metodología científica, su saber no ofrece la absolutez y certeza de las ciencias naturales (regidas por los principios de necesariedad y causalidad). La Ciencia Jurídica pertenece a las ciencias del espíritu las cuales, incluso operando sobre realidades sujetas a la racionalidad humana, están sujetas a los principios de libertad y contingencia. No obstante, es ciencia porque utiliza datos empíricos con metodología científica.

El Ordenamiento jurídico viene integrado por subsectores jurídicos, especializados según calidad e los comportamientos humanos. Cada uno de estos sectores es susceptible de elaborar su propia Ciencia jurídica. La función de toda Ciencia jurídica no es la creación de estas normas, sino su estudio sistematizado, la búsqueda de unos fines y utilidades prácticos, que son la construcción de un cuerpo doctrinal, metodológicamente elaborado, que permita la comprensión global y pormenorizada de la realidad fáctica del Derecho. El científico contribuye así a la elaboración reconstructiva del Derecho, mediante esa labor de investigación, interpretación y sistematización de las leyes y otras normas jurídicas y de la costumbre. De ahí se deduce que cada sociedad puede construir su propia Ciencia jurídica.

El estudio metodológico sigue los siguientes pasos:

  • Búsqueda de las normas vigentes, que pueden encontrarse diseminadas en proposiciones normativas de distinto rango material y provenir de Órganos diferentes del estado.
  • Interpretación objetiva del material jurídico para buscar el significado que tienen en el texto de la norma, o bien los términos o expresiones que se utilizan.
  • Clasificación y sistematización de dichas normas y hechos jurídicos por su contenido, según criterio que establece el científico y según la jerarquía normativa interna.

Con esta metodología, el jurista científico elabora conceptos jurídicos fundamentales y sus respectivas todos los conceptos y estructuras que son comunes a todas ellas: la Teoría General del Derecho de un Ordenamiento Jurídico.

Las Ciencias Jurídicas

El Derecho actual es el resultado de una evolución histórica. La Historia del Derecho, con las nuevas metodologías históricas que arrancan del marxismo, nos muestra la dependencia del Derecho de los antecedentes históricos, económicos, sociales y políticos. Así, la investigación y sistematización de las instituciones jurídicas del pasado son también Ciencia del Derecho, del Derecho no vigente. El Derecho positivo vigente tampoco es ajeno a influjos sociales, tecnológicos, ideológicos y económicos, lo que justifica un estudio científico de la relación de causalidad entres estos factores y el derecho que finalmente se positiviza. De esta función se ocupa la Sociología jurídica desde una perspectiva empírica, no idealista.

La Historia y la Sociología del Derecho son admitidas como “otras” ciencias del Derecho, para distinguirlas de esa Ciencia del Derecho en su aspecto dogmático.

La Lógica jurídica no es todavía ciencia jurídica.

La actividad jurisprudencial

La jurisprudencia del TS tiene un rango especial. El Cc. en su art.1.6 estipula “la jurisprudencia complementará el Ordenamiento jurídico con la doctrina que, de modo reiterado, establezca el Tribunal Supremo al interpretar y aplicar la ley, la costumbre y los principios generales del Derecho” La doctrina del TS es la argumentación jurídica, o razón de decidir, que esta Magistratura expone en la sentencia (única tras la reforma de la LEC) que resuelve el recurso de casación, al exponer la solución a los puntos que la antigua sentencia rescisoria, y ahora esta única sentencia, establecía al anular la sentencia recurrida.

La interpretación que el TS hace de las normas y los hechos jurídicos así como de los principios generales del Derecho, es una labor científica; y requiere la interpretación semántica, la interpretación sintáctica o interna y sistemática o externa, la interpretación histórica, la socio-política, la teleológica y la lógico-formal (forma de entender el Derecho en su constante aplicación social: función social del Derecho).

Sin embargo, esa doctrina no vincula ni al propio Tribunal (ya que de una forma motivada puede cambiarla), ni tampoco a otros tribunales inferiores, pero aún así, habilita al litigante para recurrir.

En cuanto a la interposición del recurso de amparo ante el TC, su jurisprudencia permite deducir muy útiles conocimientos para la aplicación práctica del Derecho.

Las resoluciones o circulares de la Dirección General de Registros y del Notariado, aunque no tienen carácter vinculante, tienen un gran valor doctrinal, ya que su experiencia en el tratamiento y resolución de problemas sobre las materias que tratan hace que dichas resoluciones tengan una gran autoridad y sean punto de referencia.

En la práctica jurídica forense se dan una serie de usos procesales, que contribuyen a agilizar el curso de los procedimientos, fruto de la experiencia práctica procesal.

Para finalizar, veamos, entre otras, la actividad jurisprudencial de empresarios y sindicatos. El art. 37.1 de la CE garantiza el derecho a la negociación colectiva laboral entre representantes de los trabajadores y empresarios, así como la fuerza vinculante de los Convenios. También el Estatuto de los Trabajadores estipula que el convenio colectivo es fuente de la relación laboral. Es decir, el Convenio colectivo tiene carácter de norma jurídica (Derecho válido).

Otras actividades jurisprudenciales son los estatutos de las personas jurídicas privadas, condiciones generales sobre contratación que efectúan empresas de envergadura como los bancos, compañías aseguradoras…

Filosofía del Derecho

Para comprensión del Derecho no basta la metodología científica. Para ajustarlo a la vida y tener un conocimiento práctico del mismo, se requiere de la Filosofía del Derecho. El Derecho descansa siempre sobre una determinada concepción del hombre, de la sociedad, y de sus relaciones recíprocas y por consiguiente sobre un determinado sistema de valores.

La Filosofía del Derecho tiene tres campos para su reflexión global sobre lo jurídico:

  1. La Ontología jurídica o Teoría del Derecho. Responde a ¿Qué es el Derecho? Desde las perspectivas de la Ciencia, la Sociología y la Historia jurídicas, intenta estudiar asuntos tales como: la plenitud del Derecho (lagunas jurídicas y su solución), la unidad del Derecho (Norma Fundamental y Jerarquía normativa), la composición del Derecho (las normas), la coherencia del Derecho, la formación del Derecho (fuentes), las relaciones entre los distintos ordenamientos jurídicos.
  2. La teoría de la Ciencia Jurídica. Responde a ¿Cómo se llega al conocimiento del Derecho? Es necesaria una reflexión crítica de la metodología seguida por las Ciencias del derecho (modelo matemático de los teóricos del Derecho Natural, modelo histórico de la escuela alemana, modelo de las ciencias naturales de la escuela positivista etc.).
  3. La Axiología jurídica o Teoría de la Justicia. Responde a ¿Qué es la justicia? ¿Cómo debe ser el Derecho? Se trata de enjuiciar críticamente el Derecho positivo desde un sistema de valores, incluyendo la misma reflexión crítica sobre esos sistemas de valores.

La Filosofía del Derecho surge, específicamente, ante la imposibilidad de la ciencia jurídica por explicar sus propios fundamentos básicos con los que trabaja (deber jurídico, derecho subjetivo… ) y los valores que el Derecho encarna y actualiza (justicia, solidariedad, responsabilidad… ).

En la primera cuasi-reflexión racional en la cultura griega, no había conciencia de lo moral, lo religioso ni lo jurídico. Todas las leyes humanas se nutrían de una sola, la divina, dice Heráclito. Aunque Aristóteles distinguiera ya en la Ética (teoría del comportamiento) tres matizaciones temáticas (la monástica, la económica y la política), el Derecho, como orden normativo ético, no era concebido independientemente (la justicia era una virtud para los clásicos griegos).

Por tanto, a estas primeras ideas no se las puede entender como Filosofía del Derecho según concepto actual, debido a su carencia de sistemática.

Durante un largo periodo de tiempo, la filosofía jurídica estuvo vinculada por completo a la teología (las Disputaciones metafísicas de Suárez son el primer intento por situar la metafísica como filosofía independiente). La mentalidad luterana, a consecuencia del concepto de justificación por la fe y la gracia, con el tiempo fue debilitando el interés por lo terrenal. Para la filosofía protestante la ley humana sólo impone conductas externas, y como el cristianismo no necesita más ley que su fe y su libre voluntad, la justificación del Derecho, hasta entonces teológica, inició la búsqueda de una nueva fundamentación, ahora humana: la razón. Esto cristalizó en el iusnaturalismo racionalista del s.XVIII con la separación de los órdenes moral y jurídico. A partir de aquí, se procedió a la superación del término “filosofía” por el de “ciencia” empírica sobre el Derecho positivo (s.XIX).

El movimiento historicista alemán, con su idea de “espíritu” popular, creó un convencimiento generalizado de filosofía “práctica”. A la vez, se produjo el auge de las ciencias naturales que trabajaban sobre hipótesis verificables. Ello origina una concepción positivista de la vida. Ello paraliza, en cierto modo, la Filosofía del Derecho, ya que no existe más Derecho que el positivo.

A partir de la llamada “vuelta a Kant” (fines s.XIX), se produce un interés por la Historia como ciencia de la cultura, enfrentada a la ciencia de la naturaleza, y se identifican los valores como “ideas regulativas” (que Kant admitía para poder conocer cualquier realidad). Tal interpretación de Kant significó el renacimiento de la Filosofía general.

http://derecho.isipedia.com/cuarto/filosofia-del-derecho/licenciatura/20-el-nacimiento-de-la-filosofia-del-derecho#:~:text=La%20filosof%C3%ADa%20del%20Derecho%20aparece,al%20m%C3%A1s%20fuerte%20(Trasimaco).&text=Tras%20San%20Agust%C3%ADn%20surge%20la%20filosof%C3%ADa%20escol%C3%A1stica.